3 comentarios en “¡Esto es Venezuela!

  1. Vengo a hablaros de España. De esta España que, a pesar de los esfuerzos dialécticos de nuestra casta politica o gobierno oficial de turno, nada tiene de nueva. Diríase que la novedad de hoy es lo que anteayer resultaba enfermo, viejo y caduco. Lo que había quedado arrumbado en la trastienda de la Historia. Lo que servia como indicativo o referencia para establecer la comparación necesaria y saber si íbamos por el camino recto de un futuro mejor o habíamos caído en el ensimismamiento o en la abulia, en la pereza o en la fatiga, en el olvido o la traición.

    Muchos progresistas de ahora,algunos con un rancio olor totalitario o con su insufrible abolengo inquisidor e intransigente, se apresuran a buscar un falso entendimiento en una España que, en cierto modo, vive en ruina moral y física. En una España que ha arriado su legítimo y soberano orgullo y se ha convertido en un pueblo menesteroso que mendiga de Cancillería en Cancillería el entendimiento y el perdón ajenos; de una España que asiste al derrumbamiento de sus viejos timbres de gloría y en la que es fácil contemplar la comisión de todo despropósito o arbitrariedad.

    Ahora que el tiempo es ya clarificador, aunque seguimos enturbiados,intoxicados por la toxica cortina de humo espesa e irrespirable que se incesantemente siguen alimentando los mismos desde hace 40 años.
    El momento histórico en que nos ha tocado nacer, se caracteriza por su aire espeso, una atmósfera casi irrespirable para los pulmones de los Españoles sanos que aún se mantienen de pie, fieles a su origenes, leales al España a su Tierra, y a la voz invisible de sus muertos y antepasados sobres los que otros han escupido miserablemente.
    Fieles a si mismos y a sus compatriotas , así erguidos vemos a nuestro alrededor como todo se derrumba, degenera y corrompe. La tradición, el amor a la Patria, los valores elevados, la familia y el matrimonio, todo ha sido subvertido. Por debajo, los hombres son alienados los unos contra los otros por arriba, son alejados de lo trascendente e incluso de sí mismos, pues son arrojados al desconocimiento, a los vicios y a la autodestrucción.
    Asistimos en primera persona a la destrucción de España.
    Ya no existen Españoles sino “ciudadanos”,ya no existe España sino “este pais” ,
    Esta conjura moderna impregnada casi por completo por el espíritu marxista todo es categorizado bajo las columnas del debe y el haber. El los españoles ha sido ahogado en una montaña putrefacta de ideales individualistas, materialistas, hedonistas,progresistas, igualitarios y cosmopolitas, el veneno del desarraigo ha sido lanzado para debilitar a nuestra patria.
    En este proceso deprabado, todo aquello que poseía un valor para nosotros, está siendo desmantelado, ya no más Patria, ya no más familias, ya no más respeto, ya no mas dignidad,ya no mas trabajo digno,ya no mas raza,ya no más fronteras patrias, ya no más tradiciones, ya no más Dios cristiano, ya no más Arte elevado, ya no más heroísmo, ya no más honor, ni fidelidad, ya no más idealismo. En esta España nauseabunda con olor a droga todo se compra y todo se vende. Se compran voluntades, se venden almas..
    En estos tiempos de oscuridad, la hipocresía es la reina absoluta. Los mismos que hacen ejercicio solemne de la “memoria historica ” por las guerras pasada, Ignorar la historia. Se habla de crear la Paz y se planifica la guerra, se habla del progreso mientras todo va hacia la decadencia más profunda.
    Los gobernantes “democraticos” traicionan a sus pueblo en pos del beneficio propio y de sus amos extranacionales o del Capital Internacional. Este fraude “democratico” no funciona y no funcionara porque el pueblo solo tiene el derecho de elegir dentro de un grupo de candidatos del régimen previamente seleccionados.
    Represente sus intereses y no los del pueblo español.

    Nosotros que hemos contemplado, no sé si con amargura o estupor, cómo los politicos a sueldo derribarrón nuestro sistema y fue entregado dado vía libre en la Patria al comunismo hoy reconvertido pero representando a sus mismas figuras tan lóbregas y arcaicas. Los muertos son testigos de cargo para el veredicto final de esta insólita y, en cierto modo, irresponsable etapa política de la historia contemporánea. Nosotros habíamos superado los enfrentamientos, los rencores y las diferencias, pero todo ello sin olvidar la exigente presencia de quienes ofrecieron su vida a Dios en el altar de la Patria. Jamás exhumamos sus cenizas como índice de acusación, pero hoy tiene que estremecernos el que el borrón y cuenta nueva haya llegado en su ingenuidad o en su villanía a proclamar héroes a los asesinos y a cerrar con siete definitivas llaves los sepulcros de sus víctimas.

    Nosotros estamos en el secreto de que el mundo, a vuelta de todos los pactos imaginables, de todas las negociaciones posibles, de todas las tolerancias evitables o inevitables, no podrá quitarse de encima la amenaza del comunismo salvo mediante el proceso de superación o de asimilación, como queráis, que nos marcó José Antonio. Tampoco se engañaba Francisco Franco en este orden de cosas.
    He aquí uno de sus dictámenes sobre una materia tan decisiva para la historia inmediata del mundo: «Frente a este viejo complejo político del Occidente, ¿qué es lo que el adversario le enfrenta realmente? No hemos de caer en eltópico de que es malo y nefasto todo lo que el comunismo representa. Algo tendrá cuando atrae, arrastra ycautiva. No se trata de una entelequia, sino de una viva realidad con un inmenso poder de captación. No son, desde luego, ni su materialismo histórico, ni su ateismo desenfrenado, ni la negación de la libertad y los derechos humanos, ni su imperialismo, crueldad y mentiras lo que atraen y cautivan. Son su resolución, su acción subversiva de cambiar un orden que no gusta; la bandera eminentemente social que engañosamente enarbola; son las pasiones que alienta y explota, la eficacia con que se presenta; el deslumbramiento de su fortaleza y de sus realizaciones. Todo lo otro, la negación de las libertades, la esclavitud, los campos de concentración, queda sepultado bajo la máscara, de las propagandas».

    Pero ya veis que los políticos de ahora como los de la transición parecen ignorar estas cosas. Quizás pensando en ellos,afirmó el Caudillo, catorce años antes de morir, que «el comunismo en sus propósitos no descansa, pero el comunismo tampoco está solo; tiene, como solemos decir, sus «compañeros de viaje»: los que le han
    abierto camino y se lo siguen facilitando al convertirse en cajas de resonancia de las consignas comunistas; los que, inconscientes, apasionados por sus políticas ateas, acaban haciendo la política que el comunismo necesita. Este es el peligro de esta hora y en el que tenemos que estar apercibidos para defendernos».
    yo vengo, de alguna manera, a poneros en pie de lucha; a decirosque si de nuevo el neocomunismo ha tomado cotas y posiciones en la entrañable tierra de España, seremos nosotros los primeros en formar en la vanguardia para evitar que otra vez corra la Patria el riesgo, acaso ya definitivo, de dejar de ser España para convertirse en un nuevo satélite al servicio del imperialismo neocomunista.

    Estamos aquí para dar testimonio,de que el honor no se ha perdido en turbias almonedas donde unos políticos han querido malvender el patrimonio de todos: pasado, presente y futuro. No se puede malvender nuestro patrimonio, afirmamos que no vamos a permitir la ruptura de nuestra unidad, convertida hoy en entidades enfrentadas por un Estado débil. El consenso destructor,su cobardía demostrada, y sus crímenes a diario

    No somos enemigos de la democracia. Pero queremos la que ofrezca un proyecto de vida política, social y económica fecunda para el futuro de España, no este modelo que no ha impuesto otro derecho que el de enfrentarnos los unos con los otros y la actuación impune de toda clase de huested destructoras y enemigas de España apoyadas en los poderes facticos encubiertos.
    No nos dejemos engañar los españoles por ese camino que empieza por el mal menor,pero al final siempre conduce al mal mayor que es el que termina en la sustitución de la democracia por la anarquia en los tribunales populares y en la legalización terrorista… Para impedir esto estamos otra vez aquí.

    No dejaremos que se nos arrebate un patrimonio espiritual de libertad por quienes, en nombre de no se sabe que clase de democracia,Mediante un vulgar lavado de imagen y unas operaciones de politica estética, Nos provocaron una guerra que les vencimos en nuestra tierra pero fuera de España, tuvieron secuestrados a la mitad de los pueblos de Europa y del mundo. Esos que quieren poner alambradas y convertir a España en un gigantesco campo de concentración del Neocomunismo.
    Ya sabemos, que clase de libertades son las que nos esperan si hacemos caso a los voceadores de esta doctrina: las existentes en venezuela, Iran,china,corea del norte o Cuba.
    Los que ofrecen el consenso el dialogo las frases vacias,, sólo son los torpes compañeros de viaje quienes aspiran a llevarnos a la más terribles anarquias liberales.

    Sólo la familia política nacional evitará esta políticas de «consenso» y cobardía, entreguismos irresponsables, para así recobrar la justicia. Esta es una empresa nacional y por eso no es tiempo de recrearnos en evocaciones y nostalgias. España será lo que queramos quesea y la queremos una, grande y libre.

    Pero no nos engañemos.Los peores fuerón, han sido y son,el llamado “centro”que significa el cero absoluto,y esa derechona liberal que siempre ha traicionado a España en los momentos difíciles, quienes han abandonado nuevamente a los españoles.

    La ambición política les ha cegado, el ansia inconfesable de poder les ha puesto, ofertantes, ante el Movimiento Internacional Neomunista. Pues bien, ya se han hecho acreedores a dos pagos: el infinito desprecio de los españoles y, al final, el implacable desprecio de los propios Neocomunistas.

    Con el propósito de la unidad seremos fuertes para volver a reconstruir la España que ha sido destruida en 40 años de pactos y de enjuagues, de consensos y cobardías, de entreguismos y audacias irresponsables.

    No os dejéis abatir ni por el desánimo ni por la melancolía. Ni tenemos tiempo de desanimarnos, ni tenemos tiempo de recrearnos en la dulzura de la evocación, del recuerdo, de la añoranza, o de la nostalgia. España será lo que nosotros queramos que sea. Y nosotros, que la amamos con sentido de perfección, la queremos una, grande y libre.
    España está en medio de la calle, vilipendiada por tirios y troyanos, ultrajada por turbas dirigidas y por pasividades irritantes, desesperanzada y triste. Vamos a correr en su auxilio, en su defensa, en su ayuda.

    ¡Basta de quejas y de lamentaciones! ¡ Basta de amarguras y desesperanzas! España nos exige ponernos de pie y ponernos en marcha. Nos sobran los tibios, los cobardes, los pusilánimes. Es la hora de los patriotas. Es la hora de los españoles que no se arredraron jamás. Es la hora de rescatar para la historia futura a una España que yace malherida y triste. No lo dudéis: España recobraré su pulso, su ánimo, su arrogancia y su sentido universal.
    ¡Españoles! Nos llama algo que no admite demoras ni deserciones: la unidad.. Todos sabéis que España está seriamente amenazada por los enemigos de siempre, que la debilidad y la cobardía de unos pocos y la indiferencia de muchos ha bastado para que se fracture la integridad física de la Patria.

    Porque amamos a España con pasión, creemos estamos obligados a cumplir con el deber, aunque sea ingrato, de dar la voz de alerta, con la misma fuerza moral que damos las pruebas en multitud de ocasiones.
    Creemos que aún es tiempo de rectificar los errores, ya que estamos seguros que lo que quiere el pueblo español, no es volver al 1936.

    No es justo ni mucho menos logico,proclamar nuevamente;que la traición, la deslealtad, la miseria, la insidia, la cobardía,el paro,la corrupción,la doble moral y esa visión equivocada y tan destructora de la socieda española que representa el PP,constituyan nuevamente hoy la unica «salvacion» de los españoles.
    No es su ideologia si es que la tienen, hayan colaborado en parte,sino que son la causa mayor del origen de todos nuestros males,pasados,presentes y futuros.

    Nuevamente hay que levantar el velo de muchas cámaras nupciales,digámoslo así, donde matrimonian la ambición, el lucro, o la traición,el maniobrerismo y la mentira.
    Son de tal categoría que al principio le invade a uno la cólera y luego el espanto. Si los españoles supieran en manos de quien estamos llevarían las suyas a la cabeza.
    En España se van a jugar unas cartas que no son las nuestras.
    En España se está jugando una partida que los españoles no entienden porque no conocen. Una partida que atufa, pestilente. Ramalazos de esa batalla de tahúres.
    Pero, como prometen los payasos de la Tele, aún hay mucho más. Aún Podemos horrorizarnos con cosas inconcebibles.

    La Soberanía Nacional paso del Estado a los partidos políticos y no al pueblo, como proclamaron, tan terca como innecesariamente, la campaña oficial. No estará en las manos del pueblo porque sus representantes han sido sustituidos por unos intermediarios, que, como ocurre en unos grandes almacenes son quienes se benefician a costa del productor y del consumidor.
    Los que no pertenecemos a ningún partido político, no tendrémos representación alguna.

    La clase política dominante da la impresión de no haber comprendido que España,está sobre el volcán y que las frivolidades y los desplantes sólo divierten en muy es pecíficas circunstancias. Pero cuando suena el timbre de la alarma estratégica, el juego político se hace exigentemente serio.
    Pero uno de los más grandes motivos de pasmo que podrían darse en España, sería una inteligente reacción politica por parte del gobierno del «señor» Rajoy, pero resulta que la democracia española es un tremendo engaño, inmerecedora de mayores consideraciones.
    La «democracia» española es sólo un castillo de naipes; no hay democracia, sino dictadura encubierta,Es algo ya conocido para el español medio.Pero sí conviene insistir,ante la evidencia, en el estilo dictatorial de la actual clase política.

    El presidente del Gobierno español,el «señor»Rajoy amenaza tontamente desde la descomposición y la ruina derivada de la incapacidad para gobernar: «Nosotros o el caos». Me temo que el señor Rajoy,No save con quien esta jugando,los que tienen enfrente, quieren el caos,buscan el caos y viven del caos.
    Habremos de anticiparnos á advertir que el caos es el acompañante inseparable dé tales ideologías, componendas y gentes. Los que todavía creemos en España los que poseernos un concepto profundo de (a libertad, los que aspirarnos a la autenticidad democrática, los que queremos evitar el hundimiento y rehacer nuestro bienestar destruido, hemos de pactar con energía un compromiso en esta hora envilecida: «Nosotros contra el caos.»

    Cuando Franco nos alertaba constantemente sobre los peligros incansables de la conjura la masonería y el comunismo internacional, muchos con un gesto de sarcasmo pensaban que el Caudillo chocheaba, viendo visiones y brujas por todas partes. Ahora, ese gesto se les deberia haber evolucionado a mueca grotesca o tic nervioso, porque la realidad que se vive y palpa es mucho mas real que las premoniciones del Generalísimo.

    Quizás sea un defecto nacional facilidad para el olvido. Pero si los enemigos eternos de España y de Franco, después de cuarenta años no han olvidado todavía y sigue germinando en sus almas el odio y La venganza, ¡qué no se les ocurra pensar que nuestra capacidad de olvido es menor que la suya!.
    Y para los que sólo ven extremismos de un lado y predican hipócritamente una deshonroso olvido , les dejamos que comparen, si quieren y que elijan entre la España de 1936, o la España de 1975.

    Nuestro tema se llama España. Nos ocuparemos de él aquí,Vamos a proclamarlo aquí: la Patria es indivisible. Su unidad es sagrada. Su nacionalidad, única.
    No pretenden la exaltación de cuanto es peculiar en las regiones; pretenden utilizar a esta región Contra España porque lo que estorba, lo que molesta, lo que cuenta con la enemiga histórica de muchos pueblos y de muchas gentes, de más allá del Pirineo, es la unidad, la fortaleza, la hermandad y la grandeza de España.

    Voy a deciros, abiertamente, que la política actual no nos gusta. No nos gusta porque ha equivocado el camino de la convivencia y de la pluralidad para dar paso al imperio de quienes, con un autoritarismo y una beligerancia inadmisibles, no hacen sino pronosticar y practicar la ruptura y el revanchismo con un Régimen que gozaba de tanta o mas legitimidad que cualquier otro del mundo. En esto, como en tantas otras cosas, hay que ser fríos y serenos; hay que ir al análisis y no a la pasión. En España hubo una contienda civil, una contienda que, por sus excepcionales características, fue elevada por el Magisterio de la Iglesia a Cruzada de Liberación.
    Digamos firmemente que la llamada guerra civil fue una lucha ideológica, una confrontación doctrinal. No venció un bando. No venció media España sobre otra media
    España. No vencieron unos hombres sobre otros hombres: venció un concepto de la vida y de la historia.

    En razón de esta realidad incuestionable nunca nos opusimos nosotros a la natural evolución de la sociedad en cuanto a su estructura administrativa, económica, social y política se refiere. Todos los sistemas son susceptibles de mejora, y el nuestro, que nunca fue estático ni inmovilista, necesitaba muy profundos retoques para inaugurar el nuevo tiempo.

    No se hizo así. Se ha hecho todo lo contrario. Se ha dado carta de naturaleza, patente de libre circulación y aire de novedad y victoria a la ideología, a la filosofía que fue derrotada. Se han invertido los términos. Como veis, no se trataba de cambiar unos hombres por otros: los hombres son sustituibles; las ideologías, no. Las ideologías son superables y perfectibles, pero no pueden ser arrinconadas, ocultadas ni encarceladas. Basta que os fijéis en la dialéctica de estos años o meses, en la dialéctica del cambio, para que veáis que no se han elevado palabras o exaltaciones en defensa de la justicia, sino en defensa de la libertad. Pero, ¿de qué libertad? ¿De la libertad, por ejemplo, de los obreros dejándoles sin derecho a trabajaren o en el mejor de los casos indefensos frente a la explotación , para llevar a sus casas el jornal que sus familias necesitan? ¿De la libertad de los empresarios, forzándoles a dejar en paro a cientos de obreros por no poder acceder a unas peticiones hechas con el fin exclusivo de llevar a la empresa, y con ella a España, a la ruina y al desastre? ¿De la libertad de la familia como unidad de convivencia insustituible? ¿De la libertad del hombre a secas?…
    No les importa los trabajadores. No les importan los empresarios. No les importa la familia. No les importa el individuo. Lo que les importaba era hacer que
    aquella filosofía política, vencida y derrotada, fuese restablecida en España. Esto no se ha hecho así con el afán de reparar agravios o liberar cautivos. Esta cobarde, insólita rendición sin condiciones ni enemigos se ha resuelto para que supervivieran en la nueva etapa aquellas criaturas del franquismo que en nada
    creyeron, que nada arriesgaron y que quieren aparecer en la transición como los fieles custodios del sistema liberal abolido por el Régimen del 18 de Julio.

    La última gran victoria de España fue precisamente el haber derrotado al comunismo internacional en suelo español y ser, de esta suerte, el único pueblo del planeta
    que supo liberarse con arrojo, sangre, dolor y luto de la tiranía soviética. Eso hizo posible el más largo y fecundo tiempo de paz de nuestra historia. Entregar sin resistencia ni honor esa victoria es el único acontecimiento memorable que pudierón anotarse los políticos del «cambio».¿Que seguiran entregando?

    ¿Qué clase de democracia vamos a esperar si se llama al pacto y a la negociación y se facilita el terreno de juego a quienes son los más antiguos y conjurados enemigos de la libertad del hombre, de los pueblos y de la propia democracia? No es necesario ser cabalista ni hay que recurrir a horóscopos para pronosticar que sin una fuerza nacional coherente, en los proximos parlamentos,el Gobierno de la nación quedará limitado a una rigurosa provisionalidad, a una provisionalidad absoluta y desequilibrada por la natural complejidad de los problemas actuales. De ese parlamento , de ese período de «elaboración»legislativa, no sólo saldrá una nueva Constitución: también puede salir un nuevo Régimen y una nueva forma de Estado. Esto es, podemos ir a una nueva República, a una República, acaso, de signo federalista, que debilitará hasta la extenuación la España heredada . No es que nos acostásemos monárquicos y nos levantásemos republicanos, porque en esta ocasión parece elaborarsea brazo, a pulso, ese nuevo giro político e ideológico para España. Quisimos una nueva Monarquía fiel a los principios jurados pero,Estamos en trance de ir a una vieja República.

    No nos revolvemos contra eso porque suponga el aniquilamiento total del Régimen instaurado el 18 de julio de 1936. Ni porque equivalga a un vacío político tras un largo período constituyente o porque se niegue toda legítima comparecencia de los sectores, instituciones y personas vinculadas al Régimen anterior. Nos oponemos a esa maniobra porque con ella perderá nuevamente España, y con España otra vezla justicia social, y con la justicia social nuevamente los trabajadores y los empresarios y la libertad individual y colectiva de los españoles y de las entidades naturales y porque como hoy jamás sabremos quién manda, aunque tendremos la conciencia de que se nos manda y se nos dirige a larga distancia, bajo el imperativo de la Internacional Neomarxista o de la Internacional Capitalista, bajo la potestad de una u otra entidad extranjera. Y a eso sí nos volvemos a negar, y yo creo que con alguna razón y algún derecho.

    Todo lo que pueda tener de doloroso este espectáculo lo tiene también de increíble, de absurdo. La inmensa mayoría de nuestros compatriotas no saben a qué carta quedarse ni qué postura adoptar. Muchos suponen que el suicidio colectivo se evitará porque la cordura se impondrá sobre el disparate. Esa vaga esperanza no me permite sentirme optimista. Durante muchas décadas el enemigo fue tomando posiciones, elaborando planes, trazando caminos. Llegado el día se encontró, no sé si con sorpresa por su parte, con que todo aquello resultaba inútil e innecesario: se le abrieron las puertas de par en par, se le invitó cordialmente, se le estimuló incluso.

    «¡reconstruyerón nuestra imagen ante el mundo!» Todo lo dispusierón, a cambio de un hipotético mostrador en la europa de mercaderes liquidaron un Régimen, pusierón en riesgo un Estado y en serio peligro la entidad nacional.
    Vendimos por un plato de lentejas la primogenitura de España,porque cuando se nos entregue el plato acaso logren que ya no exista España para ir a recogerlo. Pero frente a ese criterio, yo os digo que sólo con un bloque nacional, en apretada unidad, dejando personalismos y dedicado a levantar a España, conseguiremos que la grandeza y la libertad de la Patria sean una auténtica realidad; y sólo así destruiremos los errores en que cayó la debilidad, la ambición y los resentimientos y revanchismos. Así sentimos ya la alegría y el orgullo de ser españoles.

    No soy apocalíptico. Ni siquiera soy pesimista. Creo en España. Creo en esa España a la que amamos conmovedoramente, a la que hemos entregado cuanto nos pidió, a la que hemos rendido el culto de nuestras vidas. Pero creo también en el pueblo español. El único camino posible para hallar la fórmula que saque a la Patria de esta encrucijada es el de evitar que entre las fuerzas nacionales, que son todas aquellas ajenas a las internacionales y distantes de los separatismos, se produzcan fisuras o malos entendidos. Si está en juego España, ¿qué prurito personal o de grupo o de partido puede anteponerse a ese sagrado interés? Sólo España cuenta; lo demás no importa.

    El dolor y la tragedia de nuestro pueblo nos unió y supimos vencer. No se trata de proponer pactos o negociaciones, sino de considerar el riesgo que corre España como nación indisoluble, irrevocable y soberana. Y de evitarlo. Evitarlo a costa de lo que sea. Eso es lo que debe unirnos en este momento de nuestra historia. Levantemos con actitud generosa y firme, la bandera de la solidaridad nacional frente a las banderas de su disgregación. Mantengamos bien erguida la de nuestra pasión por la justicia social, por la definitiva redención de los hombres del trabajo frente a quienes los convocan para utilizarlos precisamente contra la Patria. Todos unidos en un esfuerzo supremo, heroico si queréis, y nos encontramos otra vez con los buenos españoles, con los patriotas que aún quedan y millones y esperan la voz que les
    convoque para evitar la catástrofe de la Patria.

    No hay generaciones, del mismo modo a como España es un patrimonio que no nos pertenece porque es propiedad inenajenable de quienes fueron, somos o serán españoles. No hay generaciones. Sólo hay hombres y mujeres que creen o no creen en la realidad de España; que conocen o ignoran el cerco de sus enemigos, tan contumaces como antiguos; que se sienten o no inclinados a escuchar la voz angustiada de la Historia que, con su viejo acento, tan conocido, nos vuelve a llamar. Aquí estamos. Cuando la Patria peligra, los españoles responden. Bien lo sabéis; no hay edades, con niños, con adolescentes, con jóvenes,con maduros, con viejos y con ancianos se salvó una y otra vez la Patria de las amenazas de siempre. Esta es una ocasión más en la que se pondrá a prueba el temple y el corazón de todos y cada uno de nosotros
    no desoigáis la sagrada voz de España.

    Pese a todo, en el interior todabia España es hoy una realidad firme y fecunda. Francisco Franco nos legó muchas cosas; quizás la más importante fuera una sociedad nueva, distinta; una sociedad que había nacido y crecido, en gran parte, bajo el signo de la paz y la reconstrucción nacional. Pero hemos vivido otros 40 años de una transición traición histórica en la que, forzosamente, tenían que avivarse y florecer antiguas ambiciones y rencores. Pero ya hemos oído todo cuanto teníamos que oír. Ya hemos contemplado todo cuanto teníamos que contemplar. Yo creo que asistimos de nuevo a los albores de la verdad frente al pesimismo y la amargura de la dialéctica de la mentira.

    Consciente, serena, fuerte, España reanudará el camino sin que vayan a influir en su futuro las viejas querencias o las viejas seducciones. El camino de la historia no se interrumpe jamás. Ni se desanda. Si hemos vivido un tiempo de perplejidades, debemos entrar ahora en un tiempo de firmezas y responsabilidades. España no se puede precipitar en un abismo de errores, porque debe aprender mucho en su pasado. España debe conservar lo que con su propio esfuerzo obtuvo bajo la serena vigilancia y moderación de un hombre singular. España debe de seguir constituyendo en el mundo una nación con voz y voto, sin que tengan que impartirle autorizaciones especiales otras naciones más o menos poderosas.Debe acabar la oscura noche, Esa noche que primero fue desolada y luego insólita. Un nuevo día llega para todos. A su luz volveremos a ver la realidad de las cosas, sin pesimismo ni debilidades; con la vieja alegría y el viejo orgullo de ser españoles; con la generosa compostura de saber que no cuentan los esfuerzos si los esfuerzos y los sacrificios se traducen en un beneficio común; con el entusiasmo de conservar, en orden a la justicia, lo que consignó el pueblo y de ir agrandando su patrimonio común en la versión inapelable de que la Patria no es el patrimonio de unos pocos, sino el hogar fraterno donde caben todos y donde todos tienen igualdad de derechos y de oportunidades.

    Nosotros no poseemos la verdad, pero habitamos en ella. No tenemos dudas, sino convicciones; no somos fanáticos, sino convencidos.No se tiene que defender la Constitución, lo que hay que defender es a España. Nosotros no olvidamos la victoria pues no fue una guerra interior, sino el primer capítulo de una guerra universal,la perpetua lucha entre el bien y el mal.Ni Franco ni José Antonio han muerto. Mientras los marxistas afirmen que después de Marx hay marxismo, nosotros diremos que después de Franco hay franquismo.

    Os hablo desde la conciencia de saber que ha llegado el instante de terminar con la pesadilla de la sorpresa. Tengo razones suficientes para deciros que ni España, ni sus regiones, ni sus gentes, van a dar pasos hacia atrás o saltos en el vacío. Y tengo, por último, razones suficientes para recabar de vosotros otra vez la ilusión y la entrega, la firmeza y la templanza, la alegría y el sentido de la responsabilidad.
    Quienes supusieron que al calor de una traición que no transición, inevitable y lógica, iba a arrinconarse una obra gigantesca, se equivocaron cuando lo supusieron y se van a equivocar cuando contemplen, con asombro, cuál es el ritmo, la música y la letra que entiende nuestro pueblo.

    El futuro será nuestro. Será de España. Será de todos y cuantos quieran seguir por el camino que emprendimos hace años hacia nuevos horizontes de paz y bienestar para los españoles; de unidad, de libertad y de grandeza para España. Ni un solo gesto de pesimismo. Ni un solo gesto de amargura. En España, el sol de la historia no caminará más hacia el ocaso.

    ¡Arriba España!

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  2. Vengo a hablaros de Franco. Pero ya se equivocan de entrada quienes supongan que vengo a hablar de Franco muerto, de su pasado, de su ejemplo, de su obra. Vengo a hablar de Franco en la misma frontera del futuro y vengo a proclamar sin miedo, que si Francisco Franco cruzó para siempre, en olor de gloria, los anchos umbrales de la eternidad, la obra de Francisco Franco no tiene por qué morir, aunque lo hayan dispuesto al unísono todos los enemigos de España o la Internacional marxista o la Internacional capitalista.
    Franco salvó a España. Franco fortaleció a España. Franco liberó a España y muerto Franco no vamos a permitir que se arroje el cuerpo saludable de España al atormentado mar donde estuvo a punto de perecer.
    Si alguien se propuso eso, no se propuso, en rigor, una reforma. Se propuso una traición. Pues bien: sépase ya que para nosotros son igualmente adversarios quienes atenten a la unidad, a la libertad a la grandeza de España, que quienes destruyeron y socavaron el Régimen nacional y los principios fundamentales,permanentes e inalterables,que ellos mismos juraros,¡TRAIDORES!

    Confío en que todos vosotros entenderéis el sentido de mis palabras. Vengo a haceros partícipes de una larga meditación que siente la necesidad de conectar con otras inquietudes, con otros sentimientos y juicios. Y no deseo que el sentido de sinceridad que aspiro a otorgar a mis palabras sea perturbado por sugestiones o por fáciles halagos. Desde hace 38 años gravita sobre todos nosotros un hecho concreto: el signo de España ha cambiado radicalmente, ante el regocijo de unos pocos y la insólita incredulidad de la mayoría.
    Vamos a analizar el cómo y el por qué de este pasado inmediato, que se inicia en el triste amanecer del 20 de Noviembre de 1975 y que arrastra todo un fecundo periodo. Jamas toleraremos que el futuro pueda ser interpretado como el derrumbamiento de la realidad colectiva vida española, concebido para muchos años y para muchas generaciones.
    Y lo que ahora resulta evidente es que, después de Franco, se produjo la deserción de muchos políticos y la abierta traición de otros. Esto no es obra de casualidad. Las cosas no suelen ocurrir porque sí. Sobre todo en política. El relato de esta página de historia tiene un preludio trágico del que hay que partir para un entendimiento cabal de los hechos. Hago constancia expresa de que no vengo a añorar nada y de que si aludo al pasado, remoto o inmediato, es para situar mejor el análisis del presente y, sobre todo, para explicar o tratar de explicar, cuál debe ser el camino de nuestro futuro.

    Jamás toleraremos nosotros que, la palabra futuro pueda ser interpretada por alguien como la imagen del derrumbamiento de la propia realidad colectiva. Por eso, hemos de analizar lo que aconteció y hemos de saber, cuál va a ser nuestro camino para recorrerlo, después, sin vacilaciones ni titubeos. Si Franco murio , con Franco no puede haber muerto todo el valor de España, todo el honor de España, todo el sentido común de los españoles. Quienes intentasen borrar un pasado victorioso, en el que España alcanzó sus logros más espectaculares, cometerían un gravísimo error político, porque si consiguiesen el objetivo de esa destrucción, forzosamente llegaría a la situación contraria. Cuarenta años de historia fecunda se legitiman, tanto por su origen y duración, como por el índice de su aceptación universal —Embajadores,
    representaciones; tratados y convenios bilaterales, presencia en los altos organismos internacionales,etc.— lo que significa que el cambio es tremendamente peligroso porque se desconocen las obligaciones que promovían el consenso internacional y la aceptación interior.

    España camina hacia la deriva.
    La Patria atraviesa momentos difíciles; yo diría que está a punto de perecer.Estamos asistiendo a un cambio radical desde la muerto de Franco. Quieren destruir el país,asestándole un golpe mortal,quieren dividir, Quieren sometemos por la economía, muy deteriorada, ya que por la naturaleza del ser español no pueden.
    Ya han hechado por la borda cuarenta años de paz y progresó del Caudillo, inolvidables para muchos hombres y mujeres modestos.

    Frente al optimismo de los interesados y la perplejidad de una gran mayoría de españoles, hay que proclamar sin terror ni nerviosismo que España camina a la deriva,
    No vivimos, como pudiera suponerse, un relato animado de ciencia ficción, sino una realidad comprobable. Los partidos, con sus luchas sectarias, los separatismos y sus resentimientos estériles, y las clases, con sus pugnas rencorosas, vuelven a determinar el norte de los desvelos y de las ambiciones nacionales. No podrá existir convivencia plural y ¡pacifica sin la conciencia colectiva de un sentir nacional justo, fuerte y unido. Nosotros creemos y luchamos por la profunda libertad del nombre.
    Por todo eso, miramos con asombro y hasta con ira a quienes se han propuesto la destrucción historica de España y sistematica del regimen nacional del que recibieron la legitimidad, el único regimen nacional que supo superar los viejos antagonismos, que ofreció a nuestro pueblo el más fecundo y memorable tiempo de su historia contemporánea. Por eso, y sin renunciar a nuestro origen ideológico, estuvimos con Francisco Franco, y por eso lamentamos los olvidos,las ingratitudes y hasta la ofensa con que se pretende abiertamente oscurecer, falsificar su egregia figura.

    Hoy todos quieren renunciar al pasado, quieren borrar las huellas que dejaron al caminar por la vida politica, quieren borrar de su contorno biográfico las fidelidades traicionadas y los juramentos incumplidos, con arreglo a todas las rodilleras gastadas en juramentos porque en esta tierra se ha jurado en grande y de rodillas. Por eso vierten sobre el pasado odio e insidia.
    Hoy se mira al pasado sin más objeto que ejercer una critica que apenas reza la superficie dé un Régimen clausurado en plenitud de vida.

    Hoy se quiere desandar la Historia para volver, en Interés de pocos, al punto de partida de nuestra propia tragedia. No hay ningún interés sincero de superación de los antagonismos de antaño, mucho menos dé reconciliación nacional: las mismas palabras, los mismos tópicos y las mismas modas de ayer, de un ayer siniestro y fratricida, cobran forma de actualidad y moda en estos días.

    Algún día se explicará que la actual destrucción de España se produjo por ambición personal y porque la masonería, el marxismo y el liberal capitalismo y todas las fuerzas antiespañolas tipificadas,agazapadas aguardaban el Instante en que se cerrase un sepulcro en el Valle de los Caídos.

    Solo basta con mirar hacía la Historia de España y hacia el presente de la Historia
    Universal, para ver que esa democracia liberal es un mito con el que se ha pretendido enmascarar la apropiación indebida de los frutos del trabajo en favor de unas minorías que, en nombre de tales libertades, de tales democracias, resultan ser los beneficiarios de esas pantomimas demagógicas

    Asistimos al multipartidismo más sectario y arcaico. Se alimenta la dispersión nacional mediante el resurgimiento de los separatismos y presenciamos la destrucción de una economía nacional que fue edificada por los trabajadores a pulso.

    EL pueblo español asiste absorto al carnaval ideológico desencadenado en los últímos tiempos. El decepcionado pueblo español no sabe si son las mascaras de hoy las que cubren los rostros de ayer, o si son las máscaras de ayer las que han caído, mostrando los verdaderos rostros de quienes, en general, no son liberales ni marxistas, sino, simplemente, oportunistas o, dicho de otra forma más gráfica, «pancistas», que es como desde principios del siglo pasado se calificaba a los que no tenían otros ideales que los de llenar la panza.
    Frente al barullo de este carnaval, que amenaza ser trágico,nos alzamos nostros para denunciar que hoy se mira al pasado sin más objeto que ejercer una critica que apenas reza la superficie dé «un Régimen clausurado en plenitud de vida».

    La turba de enemigos de hoy, es la misma que la que consiguio socavar el mejor Régimen que ha tenido España y son dos grupos: Los que en vez de ayudar a construir una nación más próspera se esforzaron en impedirlo, ayudados por sus amos extranjeros y se desquitan ahora injuriando lo que ellos no fueron capaces de hacer. Y los que colaboraron con el Régimen y lo denigran por olvido o deslealtad.

    Frente a ambos grupos, Nosotros proclamós, que no pertenecemos al gremio de los arrepentidos.

    A los hombres públicos los califican, mejor qué nada, sus lealtades. ¿Puede un pueblo esperar afeó de quien practica la traición a impulsos de la conveniencia personal de cada momento? Un político puede cometer aciertos y errores. Es humano. Lo que no puede cometer son deslealtades. Eso es vil y la vileza debe ser desterrada de la función pública. La deslealtad pocas veces se atreve a manifestarse con palabras. Pero se realiza con hechos, y se expresa, muchas veces, con silencios. Como esos silencios del nombre de Franco por quienes, aunque solo fuera por gratitud, debían expresar públicamente su respeto,a la memoria de un hombre al que deben cuanto son.

    Esta es uno hora histórica, para decir la verdad a secas, y no decir verdades a medias. Estamos llenos de negociaciones secretas, de conversaciones políticas que se nos ocultan, de compadrazgos tenebrosos; y por eso aquí tenemos que hablar claro. La responsabilidad histórica que contraemos es enorme, y ya estamos viendo las consecuencias.
    Seremos pues responsables todos; en nuestras manos está el ser o no ser de España. Os ruego, hagáis examen de conciencia.
    Tenemos la obligación ineludible de unirnos y de ganar otra vez para España paz. justicia, la concordia y la convivencia esto es lo que nos demandan aquellos que murieron por una patria mejor.No hay ninguna duda que el enemigo nuevamente está dentro.

    El mundo se enfrenta al futuro y España se vuelve al pasado. Por eso, señoras y señores; queridos amigos , yo os digo que la más urgente tarea, la más apremiante tarea de los españoles de buena voluntad, es constituir un frente sólido, unido, fraterno y resuelto para salvar a España de la división y los enfrentamientos. Ese movimiento politico nacional deberá poner su acento en lo que nos une y no en lo que nos separa.

    Frente a los que impusierón la tesis del borrón y cuenta nueva, como si aquellos cuarenta años anteriores hubieran sido deleznables o sonrojantes para España, y nuestros políticos nos ofrecieron, a cambio, una fórmula tan original que nos puede situar, nuevamente, en los albores de 1936.La más apremiante tarea de los españoles de buena voluntad es constituir un frente sólido, unido y resuelto para salvar a España de la división y de los enfrentamientos.

    ¿Qué ha sucedido en España? En España ha sucedido una cosa muy sencilla: se aniquilo el Sistema Orgánico para sustituirlo por un sistema inorgánico y liberal y se ha establecido la partitocracia, se ha dado carta de naturaleza o patente de libre circulación al marxismo.
    España siempre había sido una democracia orgánica,esa «nuevos» politicos vinierón a decirnos que nos querian democratizar, cuando ya éramos demócratas.

    Convengamos, por tanto, sin rasgarnos las vestiduras y sin adoptar gestos o posturas grandilocuentes, que te victoria fue regalada al adversario. Si la culminación de una etapa como la que significa la presencia de Franco en España reside en volver al pasado, es que ni Franco, ni el Movimiento, ni las colaboraciones políticas con que contó el Estado, ni el callado y laborioso esfuerzo de los españoles, ni la obra colosal que se consiguió con ese esfuerzo, tenían razón de ser. Si el perfeccionamiento del Régimen consiste en abrir de par en par las puertas de España a quienes trataron de hacer de España una dictadura al servicio del Kremlin, ¿qué explicación histórica podremos dar al Régimen del 18 de Julio? Me temo que ninguna; pero, del mismo modo, podríamos nosotros preguntar qué explicación congruente y racional pueden ofrecernos quienes, reconociendo y aceptando la fertilidad del Estado del 18 de Julio, lo destruyeron para sustituirlo por un antecedente tan pernicioso. No puede disculparse aquella situación con el fácil argumento de un juicio pesimista, porque, de ser asi, saldría malparado el instante que empujo ese pesimismo. La dificultad pudo justificarse con el hecho de que se vio producido en el peor momento: veinte años antes o veinte años después el camino
    habría estado más despejado. En el primer supuesto, habrían existido fuerzas para frenar con eficacia y en el segundo supuesto habría desaparecido todo obstáculo. Pero, ¿no se llega así a una ficción peligrosa?.

    La evolución era necesaria y estaba prevista con bastante anterioridad a la fecha del 20 de Noviembre de 1975. En el ánimo de todos nosotros gravitó siempre la idea de que la continuidad del Estado ni estaba ni está reñida con su perfección. Pero, es más, esa previsión de reforma o de evolución habia sido calculada y anunciada por el propio Caudillo, quien, con ocasión de ser inaugurada te IX Legislatura de las Cortes Españolas, decía lo siguiente:
    «Tal como ya podemos vislumbrarlo los españoles, después de haberlo preparado juntos durante más de treinta años, nuestro futuro político puede y debe ser un futuro en el que la totalidad de nuestro pueblo participe en la conducción de sus destinos dentro del marco constitucional que se ha dado a si mismo a lo largo de un cuarto de siglo y aportando a esa Constitución, según los cauces legales por ella misma previstos, los enriquecimientos, las mejoras, las modificaciones que cada circunstancia y cada coyuntura aconsejen a nuestros compatriotas, de hoy o de mañana.»

    Y para mayor abundamiento, Franco añadía:
    «Siempre las normas constitucionales que se integren en las Leyes Fundamentales han sido calificadas de abiertas, lo que ciertamente implica su progresiva evolución, pero no puede implicar en ningún caso irresponsable destrucción. En esa evolución cabe prever que las diversas corrientes de opinión suscitadas por la vida real, por las ideas políticas, por los problemas sociales y económicos, encontrarán creciente campo en el que debatir serenamente sus respectivos pareceres.»

    Resulta innecesario señalar que el quid de la cuestión en la reforma política debió residir en hallar la fórmula para hacer viable aquel proyecto del Jefe del Estado sin dañar la esencia del Sistema. Es decir, se puede ir a una democratización rigurosa de la sociedad española sin incurrir en contrafuero o dar saltos en el vacio. Las Asociaciones Políticas pudieron existir concebidas como aquellas grandes tendencias a las que aludía Franco, pero con dos condicionamientos claros: el acatamiento a la Ley de Principios fundamentales del Movimiento Nacional y la ausencia de cualquier dirección internacional que pudiera menoscabar o dañar la soberanía de España y la independencia del Estado. Por otra parte, sin menoscabo de los Principios Fundamentales del Movimiento, y mediante el sistema de ser proclamados los candidatos por vía orgánica y elegidos mediante sufragio universal por la totalidad del censo, pueden ser elegidos los concejales, los alcaldes, los presidentes de Diputación, los diputados, los procuradores en Cortes, los consejeros nacionales y un largo etcétera.

    No necesito explicaros que la situación política generada por la «transición» no sólo ha creado un estado de confusión general, sino que simultáneamente, hace muy difícil todo método de autocorrección. Cualquier optimismo nacional posible se enfrentará, inmediatamente, con los tres vértices que determinaron todo elproceso de nuestra desintegración nacional: la lucha multipartidista; la lucha de clases, con la imagen agónica del sindicalismo nacional, dinamitado por el propio poder y sin el menor respeto democrático, para la base popular que lo sostuvo durante tantos años; y por último, las pugnas consuetudinarias de los separatismos regionalistas.

    Y esto, ¿por qué? Y esto, ¿para qué? Diñase que una conjura de valor internacional tomó conciencia del instante decisivo para destruir nuestras instituciones y alterar nuestro camino. Diríase, también, que un mimetismo palurdo y hortera arrastro, a su conjuro burlesco muchas inteligencias que se suponían claras y hasta preclaras, y muchas vocaciones que presumíamos indestructibles.

    ¿Si se hubiera producido,la reforma planeada sobre el perfeccionamiento del Régimen del 18 de julio;?.Y no el desmántelamiento de en sistema político que dio a España su tiempo más próspero Y fecundo.

    No venimos a recordar ni a recrearnos en nada. Lo pasado no podrá ser jamás presente ni futuro,Pero todo pasado, no sólo el de nuestro origen.
    Por ello, se equivocan quienes aspiran a saltar sobre la historia para volver a situaciones que quedaron abolidas el 18 de julio de 1936 por inútiles, por. estériles Y destructoras.
    Hemos venido a dar testimonio de inquietud. Y al mismo tiempo, a dar testimonio de esperanza. Desde la autenticidad y proclamar sin rodeos que no vamos a capitular ante nadie ni ante nada. Y queremos proclamar, sobre todo, que nuestra primera aspiración consiste en que no se regatee al pueblo español lo que se le debe en orden a su plenitud social y económica, a su libertad, a su participación en la vida política y sindical. Porque es muy fácil hablar de participaciones formales y escamotear, en un juego malabarista, la participación que de verdad importa: aquella que reduce la distancia que aún separa a las clases y a los hombres de España.

    AL morir Franco se presentaron dos alternativas. La primera era perfeccionar y actualizar el Régimen del 18 de Julio de 1936.La otra alternativa, que es la que se siguio, consistio en abandonar los principios del 18 de Julio, y adoptar aquellos otros contra los cuales se luchó durante la guerra española, es decir se adopto la
    vuelta a un sistema de Partidos políticos. Sindicatos múltiples, sufragio universal y Parlamento,

    En nuestra opinión y dicho sea con el respetó,y con la claridad historica que se precisa entendemos que se cometio un error de fondo, cuyas dramaticas consecuencias las preveimos ya en 1976 y en la practica se ha ido sucediendo durante estos practica mente 40 años,tenemos que pensar que actuarón con buena fe,pero sobre supuestos
    imaginarios.
    No nos limitamos simplemente a negar la mayor simplemente quizá fue precisa la serenidad que se adquiere con el paso del tiempo para valorar los hechos suficientemente.El juicio histórico que antes pudo se impreciso.Ahora con el tiempo es ya clarificador.

    Lo que subyace en el fondo de lo que presenciamos , es la idea de que el Movimiento del 18 de Julio, debía ser una actuación de urgencia del Ejército, para volver a lo que unos llaman «la normalidad» y otros terminar con un «interregno», es decir con una etapa transitoria y restaurar la Monarquía constitucional de Partidos políticos, y de esta equivocación básica derivan todas las demás.
    El Movimiento Nacional no se produjo en manera alguna, porque un General ambicioso decidió ser un Dictador, sino porgue ni la Monarquía constitucional ni la República podían resolver con el sistema de Partidos,los problemas españoles y si duró tanto tiempo, fue porque adoptó una doctrina superior a la democracia-liberal y los hechos confirmaron ésta superioridad.
    Adoptada ahora la doctrina que antes fracasó, nos a conducido más o menos pronto nuevamente a situaciones límite, porque no se ha tenido en cuenta la realidad española, que es diferente a la de otras Naciones europeas.

    El pueblo español se encuentra nuevamente y seguramente ante un cambio de régimen, que modificara los principios y las instituciones de este regimen que vivio de las rentas del anterior regimen nacional durante muchos años, cambio que ya veremos si nuevamente lamentaremos profundamente, pero como en 1976 no vamos a caer en
    la desesperación, aunque aquel régimen liberó a España de la servidumbre extranjera y consiguió un desarrollo económico, que nadie hubiera podido pensar.

    Un pueblo no puede vivir de nostalgias y lamentaciones, sino que aquella etapa debe constituir una enseñanza y deducir de ella las adecuadas consecuencias para la próxima actuación.

    Aquel cambio no se realizo de frente,se restablecio la situación política anterior a la guerra española de 1936, que significa un retroceso de más de cuarenta años y que por resultar insostenible dio origen a la misma.

    Desde que se inició la «apertura» en febrero de 1974, fuerón necesarios tres años y por tanto un largo proceso de desfiguración de los fines políticos que se querían conseguir y mantener una permanente contradicción entre lo que se decía y aquello que se pretendía efectivamente lograr,mediante la propaganda maxiva y el adoptrinamiento una muy estudiada operación de marketing-politicola,la timida «reforma»,paso a ser una ruptura encubierta,rozando la ilegitimidad o el hecho mismo del golpe de estado.

    Cuando lo que se está realizando es un cambio de régimen ¿Por qué al fallecer Franco no se preguntó claramente al pueblo, si quería, o no, la vuelta al sistema de Partidos políticos de 1936? Porque, en nuestra opinión, el régimen de Partidos hubiera sido totalmente rechazado y aún después de la desfiguración aludida, hubo que realizar cuantiosos gastos para una tremenda propaganda oficial de la Ley propuesta, mientras que los demás sectores de opinión no fuerón colocados en igualdad de
    condiciones,en el mejor de los casos y en otros el ataque encubierto el acoso y derribo lo que resulta incompatible con una democracia efectiva.
    Nadie dudaba en la España de 1975,ni creo que puedan dudar hoy de que si Franco hubiera convocado referendum de adesión a los principios fundamentales,en vida o a su pronta muerte hubiera ganado de calle.

    La unica «libertad» que tuvierón los españoles fue la de elegir, sin darse cuenta, entre la rápida desintegración, si hubiera triunfado el social-comunismo y sus
    aliados, y ese mismo resultado en un plazo menos rápido, pero siempre a la vista, si aquél no triunfa en las elecciones, y lo ha demostrado con toda evidencia la experiencia histórica española.
    ¡Tanta lucha, tantos sacrificios y- tantos muertos para llegar a esto! en vez de corregir sus defectos y mantener sus principios.

    La Soberanía Nacional paso del Estado a los partidos políticos y no al pueblo, como proclamaron, tan terca como innecesariamente, la campaña oficial. No estará en las manos del pueblo porque sus representantes han sido sustituidos por unos intermediarios, que, como ocurre en unos grandes almacenes son quienes se benefician a costa del productor y del consumidor.
    Los que no pertenecemos a ningún partido político, no tendrémos representación alguna.

    Señores, no son fáciles los tiempos que vivimos. El engaño, la deserción y el olvido, socavarón la briosa arquitectura de una España que levantamos a pulso desde la nada. Nuestra presencia resulta incómoda por el solo hecho de mantener enhiesta la bandera de la Patria, de ser hombres, de ser leales.
    Pues bien: vamos a seguir siéndolo aunque no guste. Vamos a decir que no a muchas cosas:No a la erosión constante del prestigio histórico dé Francisco Franco, al pacto con los grupos enemigos de España, a la atomización política,al paro maxivo,a la corrupción,y a quienes promueban las desigualdades entre Españoles y entre las tierras de España.

    Tenemos el deber de conectar de nuevo con nuestro pueblo, con su enorme mayoría silenciosa; y tenemos el compromiso de exigir, precisamente para ese pueblo, el respeto, la solidaridad, el progreso y la pazque merece. La imagen de España tienen que volver a ser imagen de pujante vitalidad, aunque ahora se vea afectada circunstancialmente, por la crisis económica que atraviesa, el mundo. España debe acepta el reto del futuro con seguridad y-optimismo. ¿Qué tiene que ver esa realidad con el coro de los detractores? No es, señores la hora de una u otra generación. Es la hora, en cambio, de elegir entre el olvido o el compromiso. Lo fácil es olvidar, y también lo suicida; lo difícil es erguirse sobre el desencanto para volver a servir a las ilusiones que de siempre nos han convocado. Ni un paso atrás. ¿O es que hemosolvidado a nuestros hermanos muertos en está o en aquella trinchera? Ni un paso atrás. ¿O es que, ahora tememos al dolor o al sacrificio? Ni un paso atrás. ¿O es que ahora renunciamos al patrimonio de honor y de servicio que conquistamos a pulso? Ni un paso atrás, pese a quien pese. Aunque la zafiedad y el egoísmo, que se amparan tras muchas posiciones previlegiadas, quieran presentarnos como especuladores de un tiempo político., que ya es historia.

    Nuestra decisión otra vez es luchar por todos los medios legales, por un Régimen Nacional, que mire hacia el futuro, sobre la base de la unidad integral de España,que potencie todas las actividades creadoras de la sociedad, que suprima al máximo las rentas antisociales la economia expeculadora y las diversas formas de corrupción, que busque siempre la suficiente ejemplarídad, siguiendo la tendencia; histórica, de ir prosperando año tras año el enlazar con la legitimidad perdida en 1976 y no con la falsa legitimidad de 1936 siempre contraríos a la vuelta al ese pasado oscuro,,,, y de acuerdo con las directrices que repetidamente hemos expuesto. Esto no se conseguirá en un día, pero tenemos fe en crear una conciencia general en la población y especialmente en los grupos más dinámicos, .para que el pueblo español encuentre su camino, a cuya labor ayudará lo que aprendan la nuevas generación con la experiencia de anacrónico y desintegrador sistema liberal de Partidos,pues.

    Esta falsa democracia es un mito con el que se ha pretendido enmascarar la apropiación indebida de los frutos del trabajo del pueblo español en favor de unas minorías que, en nombre de tales “libertades”, de tales “democracias”, resultan ser los beneficiarios de esas pantomimas demagógicas.

    Si la doctrina del 18 de Julio se renueva, desarrolla y actualiza y suscita una nueva fe, los intereses de los españoles y la presión de la opinión pública, se impondrán a las fuerzas desintegradoras y éste es el factor que decidirá si España ha de reanudar su futuro de progreso, o volverá a la situación semi colonial de 1936, e incluso se fragmentará en su unidad y hasta puede desaparecer como Nación independiente.

    No somos historia, porque nuestro estilo reside en el pensamiento y en la acción, y por eso estamos aquí. Tampoco miramos hacía atrás porque no nos gusta convertirnos en estatuas. Nuestro ánimo y nuestro corazón acampan resueltamente en el futuro, junto a la dificultad y al riesgo; pero también junto al amor y a la esperanza.

    Puede llamarnos nostálgicos el que quiera. No nos importa. La nostalgia no es ningún sentimiento censurable, cuando está motivada por la realidad objetiva y la gratitud. El pueblo español tiene perfecto derecho a sentir nostalgia de una época pasada de su historia, que entraña unos bienes colectivos que tristemente han naufragado.
    No es lo malo que el pueblo sienta nostalgia. Lo malo es que se le haya obligado a sentirla.

    El pasado no lo ha embellecido el tiempo. El pasado ha sido revalorizado por la comparación con el negro horizonte que ante los ojos de los españoles presentan quienes quieren hacernos volver a un pasado más lejano, que nadie encuentra bello: el del enfrentamiento partidista, la lucha de clases, el hambre, la sangre
    y el odio. Que el español medio, que el hombre de la calle, que el español que no vive de la política, sino de sus manos, se sintiera hoy más feliz, más seguro, más rico, y la nostalgia no tendría por qué acompañar a la veneración ni a la gratitud por el gran Caudíllo muerto.
    Si además de gratitud (y el que no es agradecido no es bien nacido) hay nostalgia, la culpa, repetimos, no es del que la siente, sino de quienes la provocan con sus errores.

    En una etapa en que todo desvío es posible y toda abjuración viable, la lealtad es una virtud tan precisa, que atrae la simpatía de los hombres sencillos, a los cuales no ha sofisticado ni depravado la propaganda que tan hábilmente manejan los grandes manipuladores de la opinión.

    El pueblo se miren como se miren las cosas, sigue respetando la memoria de Franco, mas su sistema no fue derribado, fue entregado, que es otra cuestión.Por su personalidad y significación ha sido uno de los grandes hombres de la Historia de España.Su obra representa la configuración de un Estado moderno , superador de viejos antagonismos, integrador y, lo que más importante, con los mecanismos necesarios de auto corrección para hacerse perfectible, según lo demanden las circunstancias, contemplado cambios sociales de enorme trascendencia para nuestro país. Inscritos en la órbita de la modernización y de la mejora de las condiciones de vida para la inmensa mayoría de los españoles,
    Ese período sin ningún género de duda, el más positivo que se registra en la historia de España.

    Si fuéramos especuladores no estaríamos aquí, porque este no es el terreno donde se obtienen beneficios. Este es el terreno de la exigencia y de la incomodidad; este es el terreno del honor y del deber, que aceptamos voluntariamente.

    No ha sido infecundo nuestro esfuerzo; tampoco lo será nuestro propósito de perfeccionar el futuro, dehacerlo mas justo y más solidario. En este proposito seguiremos sin desmayo, elaborando la perfección de cada día, de cada hora.Al servicio de España y solo de España que debe estar por encima de todo. Y a esperar la fecundidad de la cosecha.

    De este vasto proceso de desintegración, ¿quiénes serán los beneficiarios?. ¿Los españoles que a cambio del ejercido de una hipotéticas formalidades están viendo hipotecadas sus libertades prácticas? ¿Los partidos políticos que recobraron el artificioso frenesí de la lucha intestina, como si hubieren sido exhumados, por una mano mágica de un sueño eterno de dolor? ¿La multiplicidad de nuestras regiones que por afanarse en un pueril empeño autóctono se convertirían en sujetos para las ambiciones y las dependencias extranjeras? ¿Los sindicalistas que formarán en las filas atomizadas y maltrechas frente a la omnipotencia capitalista?

    No; los beneficiarios de aquella sonrojante almoneda en que se malvendieron las mejores esperanzas nacionales, son aquellos dos totalitarismos que nos amagan de nuevo: el totalitarismo Neocomunista y el totalitarismo capitalista. Por complacer no se sabe qué extrañas demandas o sugestiones, arriamos lo mejor de nuestra soberanía nacional para entrar vertiginosamente, en la órbita de una y otra potestad universalmente reconocidas: o la Internacional marxista modernizada o la Internacional capitalista.
    Mientras, Europa avanza a oscuras hacia un porvenir cada vez más incierto a pesar de lo que hasta ayer eran sonrientes niveles de consumo y abrumantes cuadros estadísticos de promoción y producción de mercados comunitarios; el viejo Continente tiene cada vez menos influencia en el universal concierto de los pueblos y su viejo espíritu agoniza entre horrorosas degradaciones de valor humano, de valor religioso, de valor social y de valor político. Todo esto sucede así y al mismo tiempo el capitalismo universal (el capitalismo que nada tiene que ver con el capital, ni con la propiedad privada, ni con la iniciativa privada) toma posiciones en España. ¿Se vende España? ¿Se hipoteca nuestra independencia? ¿Se acepta abiertamente un dirigismo financiero extranacional? Si tal sucediese tendría una explicación congruente la facilidad que han encontrado los grupos o partidos derrotados en 1939, para resucitar en España. No es una incongruencia: se vuelve a la vieja técnica liberal capitalista; aseguradas las fuentes del poder económico, decisorias, en gran parte, del poder político, la contrapartida que se ofrece, engañosamente, a los hombres es el ejercicio de una supuesta libertad que los esclaviza doblemente, porque, de una parte, serán mínimas células económicas excitadas por las vibraciones de los colosales circuitos publicitarios para el consumo, y, de otra, piezas que utilizar en la hiena partidista casi siempre fratricida, en servicio de otros oscuros designios extranacionales.

    Reducir los problemas de España a un problema político o a una confrontación de ideologías, resulta, en gran parte, ficticio: primero, porque en un porcentaje elevado esa problemática ha sido prefabricada; segundo, porque el más serio problema con que se enfrenta España en 2016 no es político sino económico, no es ideológico sino social. Anteponer cuestiones de índole administrativa o, incluso, ideológicas a la verdadera realidad socioeconómica de la nación, es practicar una política de «Bombas de humo» o una dramática inconsciencia.

    El gobierno de España es de suponer que se plantee serena y fríamente este dilema incuestionable: o sigue por la senda erronea,»progre» atendiendo a complacer las instancias de los grupos y grupús-culos que han aflorado en los ultimos años postreros de la llamada «crisis economica » y sigue embarcado con ellos con todas sus consecuencias actuales en esa alocada y esteril aventura «reformista».

    O por el contrario abandona ese camino suicida por el que nos lleva conduciendo,y purga sus males endemicos,y coge por los cuernos el toro de la economía y afronta, sin vacilaciones, la más grave de las cuestiones planteadas: la crisis económica y social. Esa disyuntiva no puede ignorarse o posponerse. Y me atrevería a decir que una solución simultánea es, por el momento, inverosímil. Si complace aquellas instancias que defienden intereses privados de grupo o partido, es muy probable que salga airoso de la confrontación política; pero es indudable, también, que el Gobierno saldrá airoso a costa del supremo interés de España.

    Si por el contrario, consciente de su responsabilidad histórica pospone aquellas complacencias y aborda resueltamente, valientemente, el problema económico, quizás se queme en la empresa, quizás se autodestruya, pero habrá prestado a España un heroico y glorioso servicio. Pero, ¿puede adoptarse esa valiente postura cualquier gobierno «democratico»?

    Mucho camino había recorrido España. Pero se ha puesto de moda desandar la Historia. El por qué y el para qué creo haberlo explicado. El cómo, está a vuestro alcance y, todavía, quizás, en vuestra decisión.
    La sonrojante sumisión de estas o aquellas individualidades políticas no tiene por qué ser reflejo de la voluntad popular. Pronto serán convocados los españoles a las urnas. En las urnas otra vez depositaremos,con una simple papeleta, el destino de España a cara o cruz. No es justo, porque el destino de la patria no puede ser objeto de decisión fortuita y las tensiones y los intereses menores se impodrán sobre el interés supremo de España.
    Si alguna idea deseo dejar clavada en vuestras mentes y aún en vuestro corazones, es ésta: si los políticos no han sido consecuentes con el Estado no podemos recluir nuestro deber en el ámbito cerrado de nuestra propia celda, de nuestra vida privada, de nuestra comodidad personal. No importa que nos calumnien. No importa que se fabriquen sobre nosotros historias y leyendas o que se ensañen tratando de destruir nuestro honor o el honor de los nuestros. No importa que se nos amenace. Lo que importa, sobre todo, es España.

    Y si España vuelve a poner su destino, como os decía, al evento de las urnas, a las urnas debemos acudiremos en bloque, solidariamente, fraternalmente unidos, arriando diferencias y levantando entendimientos, uniéndonos en una comunión de amor a nuestro pueblo, de compromiso con su historia y de compromiso con su porvenir. En ese «movimiento politico nacional» que debemos propiciar, cabemos todos los españoles sin distinción de clases ni colores, porque para llegar a él, sólo basta, como patente, la generosidad, el valor, el amor a la justicia y el patriotismo. Esa será la clave del futuro.
    Si acertamos, España se salvará. Si por reparos menores o por afanes personalistas o por pequeneces, desatendemos la sagrada voz de España, España se hundirá ante el sonrojo de nuestra impotencia o de nuestra cobardía.Los enemigos del Régimen, obedeciendo determinadas consignas internacionales, proclamaron a coro, que muerto Franco, se acabó para siempre el franquismo… Pero, ¿se ha detenido alguien en el análisis de esteconcepto? el franquismo no es una instancia ideológica, es una posición mental. En este aspecto tan concreto, tan esencial para la vida presente y futura de España, voy a ir mucho más allá: mientras Franco vivió, el franquismo resultaba innecesario y por eso el Caudillo jamás lo fomentó. Muerto Franco yo os aseguro que es necesario que hagamos nacer al franquismo. ¿Y qué será el franquismo? Pues, sencillamente, el punto de coincidencia de cuantas diversas políticas, desde sus distintas posiciones ideológicas, tienen como meta y último ideal a España y al pueblo español y no están comprometidas en pactos o coaliciones ajenos al interés nacional.
    Ni Franco ni José Antonio han muerto. Mientras los marxistas afirmen que después de Marx hay marxismo, nosotros diremos que después de Franco hay franquismo.

    Esas ideologías pueden ir desde un radicalismo social y revolucionario, pero netamente español, hasta un sereno y firme concepto de la tradición, pasando por cuantas versiones encontréis, discrepantes en métodos y doctrinas, pero firmemente unidas en el servicio a la entidad nacional, a la patria, a España. ¿No os dais cuenta que
    Franco fue el hombre producido por esa circunstancia histórica unificadora? Cuando los españoles que anteponían la unidad, la grandeza y la libertad de la Patria a sus propios intereses y a los intereses de sus partidos decidieron hallar el camino común, surgió el hombre. Pues bien: cuando él, que fue antes que cualquier otra cosa un moderador de las identidades ideológicas de cada grupo o familia política, desaprecio, nos queda la impagable lección de la norma que debe conducirnos por los caminos del futuro.
    En resumen: el franquismo no es, ni debe ser jamás, una nostalgia, sino una estrategia; no es, ni debe ser jamás, una pueril uniformidad, sino una pluralidad fraterna y resuelta; no es, ni debe ser jamás,una posición estática, sino el punto de referencia para una acción dinámica y progresiva; no es, ni debe ser jamás, la cancelación de esperanzas y promesas al pueblo, sino el aguijón que nos obligue acumplirlas. Eso es el franquismo, señores. Y, en estos instantes de vejaciones y ofensas a su recuerdo,debe ser, por razón de honor, una actitud hidalga y generosa para su persona y para su obra.

    Un solo camino: la unidad.No seremos nosotros quienes sumen nuevos ingredientes a la ceremonia de la confusión nacional. Si la batalla se da en las urnas, a las urnas unidos debemos acudiremos. Luego bastará con desvanecer la niebla que impide el tránsito para que España no se detenga, para que la nave del Estado no embarranque y escore hacia la derecha o hacia la izquierda. ¿Quién puede oponerse a una voluntad de unidad y de servicio?. Yo os lo diré: sólo quienes alberguen en su alma el rencor de la frustración o el odio; o un inconfesable ánimo revanchista que quisiera fulminar la única victoria de Europa sobre el comunismo, o quienes se dejen arrastrar, torpemente, por rencores domésticos originados en las locas carreras hacia el Poder.
    Creo que aún estamos a tiempo. Creo que aún podemos ordenar la vida política de España en un régimen de libertad y convivencia, sin atomizar a la sociedad, sin enfrentarla, sin volver a la esclavitud y la tiranía dictada por los mil y un partidos. Y que digan los de fuera lo que quieran. La primera obligación de España respecto a Europa es mantener su fortaleza, su unidad, su reciedumbre. La primera obligación de Europa respecto a España es la de respetar nuestra soberanía, sin intromisiones ofensivas, sin vejacionesinadmisibles. Pienso que no está reñida la participación política de todos los españoles con el sostenimiento de un Estado fecundo y moderno; y pienso, por último, que si el camino dé la división, del enfrentamiento y de la multiplicación de intereses de grupo se mantiene, habremos desandado la Historia y volveremos a ser un pueblo sometido al vergonzoso vasallaje de otras potencias.

    Quienes pregonan la mayoría de edad del pueblo español están en lo cierto. Pero entiéndase bien esto: los españoles alcanzaron esa mayoría de edad cuando España volvió a ser fuerte, libre y unida. Ni antes ni después.
    Destruir esa fortaleza en servicio de intereses pequeños o de imposiciones ajenas, sería un crimen de lesa Patria. Pero sería, sobre todo, una traición una incongruencia.

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  3. «Los dos enemigos de la nación son los delincuentes y el gobierno.Así que atemos al segundo
    con las cadenas de la constitución,para que el gobierno no se convierta en la versión legalizada
    del primero».

    Thomas Jefferson

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