¡Separatas al banquillo!

Con esa pancarta hemos recibido esta mañana al sinvergüenza de Sanchez Lliure y todo su cortejo cuando han ido a declarar en el juicio de Blanquerna

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Y no es un insulto, sino una REALIDAD:

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Y así se lo he gritado a la cara: ¡SINVERGÜENZA! ¡LADRÓN! cuando ha salido de declarar… MENTIRAS! y bien gordas: Que oyó el spray famoso en medio de tanto tumulto y voces; que fue a poner la denuncia por lesiones ANTES de ir al hospital a obtener el parte, y escoltado por la policía! Que le picaban los ojos, al pobrecito… etc. etc. Y curiosamente, la policía, de nuevo, le dio un trato de favor, permitiéndole aparcar en la zona reservada para el personal de la Audiencia… y ni siquiera es diputado. Mientras que a nosotros pretendían disolvernos con la excusa de que éramos más de 20! (y no estaba autorizada). Vosotros veis más de 20 aquí??

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Naturalmente, no lo aceptamos; contra el vicio de pedir (y de avasallar) está la virtud de no dar (no obedecer). En realidad éramos unos 30, pero no sosteniendo banderas y pancartas. El resto eran acompañantes de los inculpados. 

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Hubo bastantes medios filmándonos y han publicado las fotos de nuestra pancartas en La Gaceta, por ahora. Los otros lemas (que no se leen bien) eran:

BLANQUERNA: JUICIO POLÍTICO. ¿ES QUE ESTAMOS EN VENEZUELA??

ART.30 CONSTITUCIÓN ESP. «TODOS TIENEN EL DERECHO Y EL DEBER DE DEFENDER ESPAÑA. PATRIOTAS DE BLANQUERNA ¡¡ABSOLUCIÓN!!

IGUALDAD JURÍDICA, SÍ. DICTADURA ¡¡NO!!

NOS QUIEREN ROBAR CATALUÑA (Y SON MINORÍA!)

Uno de los gritos que coreamos fue: EL SEPARATISMO ES MASÓN. Eso lo explica todo.

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Hay que seguir acudiendo. El lunes continúa el juicio, que ni que fuera el de Nüremberg! Por lo visto va a durar toda la semana que viene. Todas las mañanas habrá gente a la puerta para apoyar a los valientes que están dando la cara por todos nosotros. ¡ACUDE! Con tu bandera y tu pancarta. 

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1 comentario en “¡Separatas al banquillo!

  1. Vengo a hablaros de Franco. Pero ya se equivocan de entrada quienes supongan que vengo a hablar de Franco muerto, de su pasado, de su ejemplo, de su obra. Vengo a hablar de Franco en la misma frontera del futuro y vengo a proclamar sin miedo, que si Francisco Franco cruzó para siempre, en olor de gloria, los anchos umbrales de la eternidad, la obra de Francisco Franco no tiene por qué morir, aunque lo hayan dispuesto al unísono todos los enemigos de España o la Internacional marxista o la Internacional capitalista.
    Franco salvó a España. Franco fortaleció a España. Franco liberó a España y muerto Franco no vamos a permitir que se arroje el cuerpo saludable de España al atormentado mar donde estuvo a punto de perecer.
    Si alguien se propuso eso, no se propuso, en rigor, una reforma. Se propuso una traición. Pues bien: sépase ya que para nosotros son igualmente adversarios quienes atenten a la unidad, a la libertad a la grandeza de España, que quienes destruyeron y socavaron el Régimen nacional y los principios fundamentales,permanentes e inalterables,que ellos mismos juraros,¡TRAIDORES!

    Confío en que todos vosotros entenderéis el sentido de mis palabras. Vengo a haceros partícipes de una larga meditación que siente la necesidad de conectar con otras inquietudes, con otros sentimientos y juicios. Y no deseo que el sentido de sinceridad que aspiro a otorgar a mis palabras sea perturbado por sugestiones o por fáciles halagos. Desde hace 38 años gravita sobre todos nosotros un hecho concreto: el signo de España ha cambiado radicalmente, ante el regocijo de unos pocos y la insólita incredulidad de la mayoría.
    Vamos a analizar el cómo y el por qué de este pasado inmediato, que se inicia en el triste amanecer del 20 de Noviembre de 1975 y que arrastra todo un fecundo periodo. Jamas toleraremos que el futuro pueda ser interpretado como el derrumbamiento de la realidad colectiva vida española, concebido para muchos años y para muchas generaciones.
    Y lo que ahora resulta evidente es que, después de Franco, se produjo la deserción de muchos políticos y la abierta traición de otros. Esto no es obra de casualidad. Las cosas no suelen ocurrir porque sí. Sobre todo en política. El relato de esta página de historia tiene un preludio trágico del que hay que partir para un entendimiento cabal de los hechos. Hago constancia expresa de que no vengo a añorar nada y de que si aludo al pasado, remoto o inmediato, es para situar mejor el análisis del presente y, sobre todo, para explicar o tratar de explicar, cuál debe ser el camino de nuestro futuro.

    Jamás toleraremos nosotros que, la palabra futuro pueda ser interpretada por alguien como la imagen del derrumbamiento de la propia realidad colectiva. Por eso, hemos de analizar lo que aconteció y hemos de saber, cuál va a ser nuestro camino para recorrerlo, después, sin vacilaciones ni titubeos. Si Franco murio , con Franco no puede haber muerto todo el valor de España, todo el honor de España, todo el sentido común de los españoles. Quienes intentasen borrar un pasado victorioso, en el que España alcanzó sus logros más espectaculares, cometerían un gravísimo error político, porque si consiguiesen el objetivo de esa destrucción, forzosamente llegaría a la situación contraria. Cuarenta años de historia fecunda se legitiman, tanto por su origen y duración, como por el índice de su aceptación universal —Embajadores,
    representaciones; tratados y convenios bilaterales, presencia en los altos organismos internacionales,etc.— lo que significa que el cambio es tremendamente peligroso porque se desconocen las obligaciones que promovían el consenso internacional y la aceptación interior.

    El mundo se enfrenta al futuro y España se vuelve al pasado. Por eso, señoras y señores; queridos amigos y cantaradas, yo os digo esta noche que la más urgente tarea, la más apremiante tarea de los españoles de buena voluntad, es constituir un frente sólido, unido, fraterno y resuelto para salvar a España de la división y los enfrentamientos. Ese frente nacional deberá poner su acento en lo que nos une y no en lo que nos separa.

    Frente a los que impusierón la tesis del borrón y cuenta nueva, como si aquellos cuarenta años anteriores hubieran sido deleznables o sonrojantes para España, y nuestros políticos nos ofrecieron, a cambio, una fórmula tan original que nos puede situar, nuevamente, en los albores de 1936.La más apremiante tarea de los españoles de buena voluntad es constituir un frente sólido, unido y resuelto para salvar a España de la división y de los enfrentamientos.

    ¿Qué ha sucedido en España? En España ha sucedido una cosa muy sencilla: se aniquilo el Sistema Orgánico para sustituirlo por un sistema inorgánico y liberal y se ha establecido la partitocracia, se ha dado carta de naturaleza o patente de libre circulación al marxismo.

    Convengamos, por tanto, sin rasgarnos tes vestiduras y sin adoptar gestos o posturas grandilocuentes, que te victoria ha sido regalada al adversario. Si la culminación de una etapa como la que significa la presencia de Franco en España reside en volver al pasado, es que ni Franco, ni el Movimiento, ni las colaboraciones políticas con que contó el Estado, ni el callado y laborioso esfuerzo de los españoles, ni la obra colosal que se consiguió con ese esfuerzo, tenían razón de ser. Si el perfeccionamiento del Régimen consiste en abrir de par en par las puertas de España a quienes trataron de hacer de España una dictadura al servicio del Kremlin, ¿qué explicación histórica podremos dar al Régimen del 18 de Julio? Me temo que ninguna; pero, del mismo modo, podríamos nosotros preguntar qué explicación congruente y racional pueden ofrecernos quienes, reconociendo y aceptando la fertilidad del Estado del 18 de Julio, lo han destruido para sustituirlo por un antecedente tan pernicioso. No puede disculparse la situación actual con el fácil argumento de un juicio pesimista, porque, de ser asi, saldría malparado el instante que empuja ese pesimismo. La dificultad presente puede justificarse con el hecho de que se haya producido en el peor momento: veinte años antes o veinte años después el camino
    habría estado más despejado. En el primer supuesto, habrían existido fuerzas para frenar con eficacia y en el segundo supuesto habría desaparecido todo obstáculo. Pero, ¿no se llega así a una ficción peligrosa?.

    La evolución era necesaria y estaba prevista con bastante anterioridad a la fecha del 20 de Noviembre de 1975. En el ánimo de todos nosotros gravitó siempre la idea de que la continuidad del Estado ni estaba ni está reñida con su perfección. Pero, es más, esa previsión de reforma o de evolución habia sido calculada y anunciada por el propio Caudillo, quien, con ocasión de ser inaugurada te IX Legislatura de las Cortes Españolas, decía lo siguiente:
    «Tal como ya podemos vislumbrarlo los españoles, después de haberlo preparado juntos durante más de treinta años, nuestro futuro político puede y debe ser un futuro en el que la totalidad de nuestro pueblo participe en la conducción de sus destinos dentro del marco constitucional que se ha dado a si mismo a lo largo de un cuarto de siglo y aportando a esa Constitución, según los cauces legales por ella misma previstos, los enriquecimientos, las mejoras, las modificaciones que cada circunstancia y cada coyuntura aconsejen a nuestros compatriotas, de hoy o de mañana.»

    Y para mayor abundamiento, Franco añadía:
    «Siempre las normas constitucionales que se integren en las Leyes Fundamentales han sido calificadas de abiertas, lo que ciertamente implica su progresiva evolución, pero no puede implicar en ningún caso irresponsable destrucción. En esa evolución cabe prever que las diversas corrientes de opinión suscitadas por la vida real, por las ideas políticas, por los problemas sociales y económicos, encontrarán creciente campo en el que debatir serenamente sus respectivos pareceres.»

    Resulta innecesario señalar que el quid de la cuestión en la reforma política debió residir en hallar la fórmula para hacer viable aquel proyecto del Jefe del Estado sin dañar la esencia del Sistema. Es decir, se puede ir a una democratización rigurosa de la sociedad española sin incurrir en contrafuero o dar saltos en el vacio. Las Asociaciones Políticas pudieron existir concebidas como aquellas grandes tendencias a las que aludía Franco, pero con dos condicionamientos claros: el acatamiento a la Ley de Principios fundamentales del Movimiento Nacional y la ausencia de cualquier dirección internacional que pudiera menoscabar o dañar la soberanía de España y la independencia del Estado. Por otra parte, sin menoscabo de los Principios Fundamentales del Movimiento, y mediante el sistema de ser proclamados los candidatos por vía orgánica y elegidos mediante sufragio universal por la totalidad del censo, pueden ser elegidos los concejales, los alcaldes, los presidentes de Diputación, los diputados, los procuradores en Cortes, los consejeros nacionales y un largo etcétera.

    No necesito explicaros que la situación política generada por la «transición» no sólo ha creado un estado de confusión general, sino que simultáneamente, hace muy difícil todo método de autocorrección. Cualquier optimismo nacional posible se enfrentará, inmediatamente, con los tres vértices que determinaron todo elproceso de nuestra desintegración nacional: la lucha multipartidista; la lucha de clases, con la imagen agónica del sindicalismo nacional, dinamitado por el propio poder y sin el menor respeto democrático, para la base popular que lo sostuvo durante tantos años; y por último, las pugnas consuetudinarias de los separatismos regionalistas.

    Y esto, ¿por qué? Y esto, ¿para qué? Diñase que una conjura de valor internacional tomó conciencia del instante decisivo para destruir nuestras instituciones y alterar nuestro camino. Diríase, también, que un mimetismo palurdo y hortera ha arrastrado, a su conjuro burlesco muchas inteligencias que suponíamos claras y hasta preclaras, y muchas vocaciones que presumíamos indestructibles.

    De este vasto proceso de desintegración, ¿quiénes serán los beneficiarios?. ¿Los españoles que a cambio del ejercido de una hipotéticas formalidades están viendo hipotecadas sus libertades prácticas? ¿Los partidos políticos que recobran el artificioso frenesí de la lucha intestina, como si hubieren sido exhumados, por una mano
    mágica de un sueño eterno de dolor? ¿La multiplicidad de nuestras regiones que por afanarse en un pueril empeño autóctono se convertirían en sujetos para las ambiciones y las dependencias extranjeras? ¿Los sindicalistas que formarán en las filas atomizadas y maltrechas frente a la omnipotencia capitalista?

    No; los beneficiarios de esta sonrojante almoneda en que se malvenden las mejores esperanzas nacionales, son aquellos dos totalitarismos que nos amagan de nuevo: el totalitarismo marxista y el totalitarismo capitalista. Por complacer no se sabe qué extrañas demandas o sugestiones, arriamos lo mejor de nuestra soberanía nacional para entrar vertiginosamente, en la órbita de una y otra potestad universalmente reconocidas: o la Internacional marxista o la Internacional capitalista. Mientras, Europa
    avanza a oscuras hacia un porvenir cada vez más incierto a pesar de lo que hasta ayer eran sonrientes niveles de consumo y abrumantes cuadros estadísticos de promoción y producción de mercados comunitarios; el viejo Continente tiene cada vez menos influencia en el universal concierto de los pueblos y su viejo espíritu agoniza entre horrorosas degradaciones de valor humano, de valor religioso, de valor social y de valor político. Todo esto sucede así y al mismo tiempo el capitalismo universal (el capitalismo que nada tiene que ver con el capital, ni con la propiedad privada, ni con la iniciativa privada) toma posiciones en España. ¿Se vende España? ¿Se hipoteca nuestra independencia? ¿Se acepta abiertamente un dirigismo financiero extranacional? Si tal sucediese tendría una explicación congruente la facilidad que han encontrado los grupos o partidos derrotados en 1939, para resucitar en España. No es una incongruencia: se vuelve a la vieja técnica liberal capitalista; aseguradas las fuentes del poder económico, decisorias, en gran parte, del poder político, la contrapartida que se ofrece, engañosamente, a los hombres es el ejercicio de una supuesta libertad que los esclaviza doblemente, porque, de una parte, serán mínimas células económicas excitadas por las vibraciones de los colosales circuitos publicitarios para el consumo, y, de otra, piezas que utilizar en la hiena partidista casi siempre fratricida, en servicio de
    otros oscuros designios extranacionales.

    Reducir los problemas de España a un problema político o a una confrontación de ideologías, resulta, en gran parte, ficticio: primero, porque en nn porcentaje elevado esa problemática ha sido prefabricada; segundo, porque el más serlo problema con que se enfrenta España en 2016 no es político sino económico, no es ideológico sino social. Anteponer cuestiones de índole administrativa o, incluso, ideológicas a la verdadera realidad socioeconómica de la nación, es practicar una política de «Bombas de humo» o una dramática inconsciencia.

    El gobierno de España es de suponer que se plantee serena y fríamente este dilema incuestionable: o sigue por la senda erronea,»progre» atendiendo a complacer las instancias de los grupos y grupús-culos que han aflorado en los ultimos años postreros de la llamada «crisis economica » y sigue embarcado con ellos con todas sus consecuencias actuales en esa alocada y esteril aventura «reformista».

    O por el contrario abandona ese camino suicida por el que nos esta conduciendo,y purga sus males endemicos,y coge por los cuernos el toro de la economía y afronta, sin vacilaciones, la más grave de las cuestiones planteadas: la crisis económica y social. Esa disyuntiva no puede ignorarse o posponerse. Y me atrevería a decir que una solución simultánea es, por el momento, inverosímil. Si complace aquellas instancias que defienden intereses privados de grupo o partido, es muy probable que salga airoso de la confrontación política; pero es indudable, también, que el Gobierno saldrá airoso a costa del supremo interés de España.

    Si por el contrario, consciente de su responsabilidad histórica pospone aquellas complacencias y aborda resueltamente, valientemente, el problema económico, quizás se queme en la empresa, quizás se autodestruya, pero habrá prestado a España un heroico y glorioso servicio. Pero, ¿puede adoptarse esa valiente postura cualquier gobierno «democratico»?

    Mucho camino había recorrido España. Pero se ha puesto de moda desandar la Historia. El por qué y el para qué creo haberlo explicado. El cómo, está a vuestro alcance y, todavía, quizás, en vuestra decisión.
    La sonrojante sumisión de estas o aquellas individualidades políticas no tiene por qué ser reflejo de la voluntad popular. Pronto serán convocados los españoles a las urnas. En las urnas otra vez depositaremos,con una simple papeleta, el destino de España a cara o cruz. No es justo, porque el destino de la patria no puede ser objeto de decisión fortuita y las tensiones y los intereses menores se impodrán sobre el interés supremo de España.
    Si alguna idea deseo dejar clavada en vuestras mentes y aún en vuestro corazones, es ésta: si los políticos no han sido consecuentes con el Estado no podemos recluir nuestro deber en el ámbito cerrado de nuestra propia celda, de nuestra vida privada, de nuestra comodidad personal. No importa que nos calumnien. No importa que se fabriquen sobre nosotros historias y leyendas o que se ensañen tratando de destruir nuestro honor o el honor de los nuestros. No importa que se nos amenace. Lo que importa, sobre todo, es España.

    Y si España vuelve a poner su destino, como os decía, al evento de las urnas, a las urnas debemos acudiremos en bloque, solidariamente, fraternalmente unidos, arriando diferencias y levantando entendimientos, uniéndonos en una comunión de amor a nuestro pueblo, de compromiso con su historia y de compromiso con su porvenir. En ese «frente nacional» que debemos propiciar, cabemos todos los españoles sin distinción de clases ni colores, porque para llegar a él, sólo basta, como patente, la
    generosidad, el valor, el amor a la justicia y el patriotismo. Esa será la clave del futuro.
    Si acertamos, España se salvará. Si por reparos menores o por afanes personalistas o por pequeneces, desatendemos la sagrada voz de España, España se hundirá ante el sonrojo de nuestra impotencia o de nuestra cobardía.Los enemigos del Régimen, obedeciendo determinadas consignas internacionales, proclamaron a coro, que muerto Franco, se acabó para siempre el franquismo… Pero, ¿se ha detenido alguien en el análisis de esteconcepto?«el franquismo no es una instancia ideológica, es una posición mental. En este aspecto tan concreto, tan esencial para la vida presente y futura de España, voy a ir mucho más allá: mientras Franco vivió, el franquismo resultaba innecesario y por eso el Caudillo jamás lo fomentó. Muerto Franco yo os aseguro que es necesario que hagamos nacer al franquismo. ¿Y qué será el franquismo? Pues, sencillamente, el punto de coincidencia de cuantas familias políticas, desde sus distintas posiciones ideológicas, tienen como meta y último ideal a España y al pueblo español y no estáncomprometidas en pactos o coaliciones ajenos al interés nacional.
    Ni Franco ni José Antonio han muerto. Mientras los marxistas afirmen que después de Marx hay marxismo, nosotros diremos que después de Franco hay franquismo.

    Esas ideologías pueden ir desde un radicalismo social y revolucionario, pero netamente español, hasta un sereno y firme concepto de la tradición, pasando por cuantas versiones encontréis, discrepantes en métodos y doctrinas, pero firmemente unidas en el servicio a la entidad nacional, a la patria, a España. ¿No os dais cuenta que
    Franco fue el hombre producido por esa circunstancia histórica unificadora? Cuando los españoles que anteponían la unidad, la grandeza y la libertad de la Patria a sus propios intereses y a los intereses de sus partidos decidieron hallar el camino común, surgió el hombre. Pues bien: cuando él, que fue antes que cualquier otra cosa un moderador de las identidades ideológicas de cada grupo o familia política, desaprecio, nos queda la impagable lección de la norma que debe conducirnos por los caminos del futuro.
    En resumen: el franquismo no es, ni debe ser jamás, una nostalgia, sino una estrategia; no es, ni debe ser jamás, una pueril uniformidad, sino una pluralidad fraterna y resuelta; no es, ni debe ser jamás,una posición estática, sino el punto de referencia para una acción dinámica y progresiva; no es, ni debe ser jamás, la cancelación de esperanzas y promesas al pueblo, sino el aguijón que nos obligue acumplirlas. Eso es el franquismo, señores. Y, en estos instantes de vejaciones y ofensas a su recuerdo,debe ser, por razón de honor, una actitud hidalga y generosa para su persona y para su obra.

    Un solo camino: la unidad.No seremos nosotros quienes sumen nuevos ingredientes a la ceremonia de la confusión nacional. Si la batalla se da en las urnas, a las urnas unidos debemos acudiremos. Luego bastará con desvanecer la niebla que impide el tránsito para que España no se detenga, para que la nave del Estado no embarranque y escore hacia la derecha o hacia la izquierda. ¿Quién puede oponerse a una voluntad de unidad y de servicio?. Yo os lo diré: sólo quienes alberguen en su alma el rencor de la frustración o el odio; o un inconfesable ánimo revanchista que quisiera fulminar la única victoria de Europa sobre el comunismo, o quienes se dejen arrastrar, torpemente, por rencores domésticos originados en las locas carreras hacia el Poder. Creo queaún estamos a tiempo. Creo que aún podemos ordenar la vida política de España en un régimen de libertad y convivencia, sin atomizar a la sociedad, sin enfrentarla, sin volver a la esclavitud y la tiranía dictada por los mil y un partidos. Y que digan los de fuera lo que quieran. La primera obligación de España respecto a Europa es mantener su fortaleza, su unidad, su reciedumbre. La primera obligación de Europa respecto a España es la de respetar nuestra soberanía, sin intromisiones ofensivas, sin vejacionesinadmisibles. Pienso que no está reñida la participación política de todos los españoles con el sostenimiento de un Estado fecundo y moderno; y pienso, por último, que si el camino dé la división, del enfrentamiento y de la multiplicación de intereses de grupo se mantiene, habremos desandado la Historia y volveremos a ser un pueblo sometido al vergonzoso vasallaje de otras potencias.

    Quienes pregonan la mayoría de edad del pueblo español están en lo cierto. Pero entiéndase bien esto: los españoles han alcanzado esa mayoría de edad cuando España volvió a ser fuerte, libre y unida. Ni antes ni después.
    Destruir esa fortaleza en servicio de intereses pequeños o de imposiciones ajenas, sería un crimen de lesa Patria. Pero sería, sobre todo, una traición una incongruencia.

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