Odas a nuestro Capitán, en el día de Santiago

¡Háblame mi capitán!

 Juan Chicharro Ortega

General de División de Infantería de Marina (R)

 Presidente Ejecutivo de la FNFF 

 

Sí, sé que me oyes. Sé que estás tranquilo gozando de la paz de Dios. Nosotros no lo estamos mi Capitán pues aún bregamos aquí en la tierra por lo que tu nos enseñaste. Luchamos por nuestra Patria, por nuestra historia, por nuestras tradiciones, por la dignidad de nuestro pueblo, por lo que vosotros supisteis defender con tanta gloria y gallardía. Sé que nos comprendes y sabías que iba a suceder, bien que nos lo dijiste : “no olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta”.

Sí, aquí están ya mi Capitán. Te escribo desde una posición que es atacada por todos los flancos con una saña digna de una jauría de perros enrrabietada. Envalentonada la jauría, al hilo de la debilidad de las defensas, esta se apresta a lanzarse a degüello. No pudieron contigo en vida y ahora pretenden ensañarse contigo después de muerto. Antes tendrán que demoler nuestra posición y saben que no les será fácil pues nuestra defensa tiene como punto principal la de tu ejemplo y la de tus capitanes. Sí, muchos han desertado de la lucha hace tiempo y no somos muchos los que quedamos en la brecha abierta. Nada nuevo en el combate y tú lo sabes muy bien. Atravesó una bala tu estómago en Marruecos y te atravesó el corazón una España rota y a punto de desaparecer en 1936. Tu fe y tu valentía te sacaron adelante y contigo España resurgió. La España de la miseria y la ignorancia que tu llevaste al bienestar de hoy te abandona y te persigue, te insulta y denigra a tus fieles y a los capitanes que entonces te siguieron. Ya sé que no te extrañas ni te asusta esta mísera caterva de gente llena de odio y bien sabes que ya te quedan pocos de aquellos fieles. Los más valientes ya están contigo en el cielo de los soldados de España y hoy en la posición estamos sus hijos. Pocos pero decididos.

“El oficial que reciba orden de mantener su puesto a toda costa, lo hará” dicen nuestras ordenanzas militares y hoy más que nunca lo tenemos presente. Aún confiamos en recibir refuerzos y por eso te insisto : “háblame mi Capitán”:

En el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir” y hoy la Iglesia es custodia de tus restos mortales y en su defensa estará, so pena de lesa traición a una responsabilidad adquirida. No cabe pensar en ella.

Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales” dejaste escrito pero de nada sirvió esta declaración humilde ante la manifestación explicita de aquellos a los que derrotaste en la guerra y en la paz.

Ya los proyectiles rozan nuestras cabezas y vislumbramos la artillería pero nuestra cohesión tiene su fuerza en la indiscutible importancia de los valores morales que tu supiste bien explotar ante la adversidad.

Mi Capitán, seguimos tus principios y queremos la paz y la verdadera reconciliación entre todos los españoles para que vuelva a reinar la armonía entre todos los españoles, pero esta debe venir de la buena voluntad y no del desprecio a lo que representaste. Por ahí, no.

Ya los que te abandonaron comienzan a despertar y en la línea les queremos ver.Los españoles, como los viejos soldados, lo aguantan todo menos que les hablen alto, que les traicionen, y hoy esta campa en el ambiente enrarecido que está creando un Gobierno que tapa sus debilidades con la ignominia.Sí, ¡ háblame mi Capitán! :

Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte

¡ARRIBA ESPAÑA! Y ¡ VIVA ESPAÑA !”

 

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Santiago y cierra España… Oh General, mi General

Por Laureano Benítez Grande-Caballero

Ante el terremoto frentepopulista y secesionista que sacude hoy los cimientos de la patria mía, hacía tiempo que deseaba escribir un artículo con este título, que vi por primera vez en las entrañables aventuras del «Capitán Trueno», el ídolo de mi infancia y adolescencia. Como diría el poeta Walt Whitman, refiriéndose a Lincoln: «¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!». Aunque en el caso español lo más adecuado sería decir: «Oh, general, mi general!

Pero los tiempos han cambiado, pues los supermanes, batmanes, spidermanes, y otros engendros yankees le pusieron un americanísimo pararrayos al tronante capitán de mi infancia, le arrancaron el antifaz al intrépido guerrero que lo llevaba, convirtieron al «Jabato» en un corderito lechal, y demolieron el Alcázar de Roberto y Pedrín.  «¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!».

Ya no nos quedan truenos, ni tormentas como las de antes, aunque ahora estemos en mitad de una «tormenta perfecta», descuajeringada desde los inframundos y las cavernas luciferinas del frentepopulismo miliciano. Por no quedar, tampoco nos quedan capitanes, ni paladines, ni héroes, ya que todos somos simples chusqueros «nasíospaobedeserycallar», para dejarnos lavar el cerebro ante los nauseabundos programas de la progresía mediática que han encumbrado al generalato al siniestro Pedrito, hijo predilecto de Soros, incubado en las logias de Bilderberg. «¡Oh, General! ¡Mi General!»………. Ver más

Cuadro de Antonio Peri

(El de la izquierda es mi padre) 

Obra de mi amigo Antonio Periañez León, hace unos años (por iniciativa suya)

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