3 comentarios en “¡Todos a una!

  1. Es una nación tarada la que pone en permanente tela de juicio su destino y se entrega a los vaivenes del doctrinario de turno. Las sociedades impúberes viven a la deriva del demagogo, mientras que las maduras imponen su realidad histórica,por encima de cualquier político de turno. La continuidad, la estabilidad y, por tanto el rendimiento histórico de un pueblo dependen de la solidaridad en torno a unas esencias nacionales.

    Sólo está socialmente vertebrado el pueblo que evoluciona de modo homogéneo a partir de la idea de la patria y de la convivencia.Las ideas que abandonamos hace ya 40 años,las que fuerón demostradas tan fecundas.

    El espíritu del 18 de julio debio ser a nuestra patria, lo que fue el de 1492 es decir, un fundamento irreversible.

    No habrá postfranquismo, sino franquismo después de Franco, Los que llevan nada menos que 40 años desahuciando al Estado del 18 de julio, se seguirán equivocando durante el resto de sus vidas, que deseo longevas. Cuando las instituciones son justas,adecuadas y robustas, deben perduran después de la desaparición de quienes las alumbraron.

    El espíritu del 18 de julio, no sólo fue el inspirador y ejecutor del mayor orden, más desarrollo y más justicia social,nunca logrado.
    Sino que tuvo que ser la garantía de la continuidad de todo eso: es el logro pasado y el cauce del mañana. Por ello a de estar hoy más realmente arraigado que nunca a pesar de que la inmensa mayoría no hicimos la guerra que lo configuró o ni siquiera viviéramos esa genuina época… Y no sólo lo queremos como respuesta al reto de hoy, sino como yunque del futuro, como categoría de España. Procuremos volver a alcanzar el sistema político más eficaz que hemos tenido en la edad contemporánea, el que nos ofreció un nuevo siglo de oro,el mismo que nos arrebataron ilegalmente y a espaldas del pueblo español, un equipo de trileros mediante la mentira y la traición.

    El suicidio de España.La liquidación del Estado del 18 de Julio y el retorno a la alternativa, «o demoliberalismo o marxismo» de 1936 fue un retrocambio y una Inducción al suicidio colectivo.

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  2. Me consta, y os debe constar a vosotros, que, aunque distintos quizá a los de 1936, sigue la verdadera España teniendo enemigos ..dentro y fuera de su propio territorio.
    Algunos que no son de vosotros quieren llegar a hoy día ignorando lo que fue el ayer y, en consecuencia, muchas veces, confunden lo real con lo ficticio, producto sólo de imaginaciones egoístas o de intereses de partido; que sólo han vivido de oidas y son, por tanto son el blanco fácil para las dañinas ideologías que, con pretextos desfigurados buscan el engaño fácil,pero en el fondo es vacio.

    Por eso quiero hoy exponeros unas consideraciones en torno al camino que a España condujo la fecha historica del 18 de julio de 1936. y quiero hacerlo con plena serenidad, sin ligerezas ni frivolidades, haciendo el análisis de aquel orden político:

    El origen de nuestro orden político,el que llega hasta nuestros dias,pues su savia se quiera o no nos llega hasta al presente, la fecha historica del 18 de julio de 1936.
    El 18 de julio es el punto de arranque de una nueva era histórica; no es un simple cambio de régimen; no es sólo la rebelión contra la anarquía, la barbarie, la miseria, el hambre y la decadencia; el 18 de julio fue, además de todo lo que tiene de negación rotunda a los males de España, una abierta y generosa afirmación de fe, la afirmación positiva de se creía en España; de que creían en la fuerza para imponer la ley,del estado de derecho, que es el que distingue entre la injusticia anarquica o entre la razón de la justicia de las sociedades avanzadas, con la recuperación esforzada y heroica del sentimiento nacional, se consiguiO el hacer realidad el «slogan»; España una, grande y libre para todos los españoles
    El 18 de julio es la unión para la salvación de España, del pueblo. Desde las mejores tradiciones, desde el sentido permanente de nuestra Historia, España, sostenida por sus Fuerzas Armadas y por su pueblo, dice para «siempre» no a la anarquía, al desorden, a la decadencia, a la desintegración de sus tierras; España se alza en lucha contra todos los intentos internos y externos de disolvernos como nación, de colonizarnos con ideologías subversivas y ajenas a nuestra manera de ser, de pensar y de sentir; el 18 de julio revive los tradicionales sentimientos de independencia de los españoles, y España, segura de sí misma y descubriéndose a sí misma, se lanza con esfuerzo heroico para escribir las páginas más gloriosas de nuestra Historia contemporánea

    Pero es que, además, la fecha del 18 de julio trascendió en profundidad y en el tiempo, y fue precisa esa pervivencia para que se convirtiera en un nuevo ciclo, que bajo el mandato y la inspiración de un Caudillo, abrió para la Patria singladuras de prosperidad, de grandeza y de gloria. Y en esa nueva ruta, en ese nuevo camino, se fue consolidando el orden político, nuestro sistema de convivencia, que sin desvirtuar ni perder de vista su origen, se afirmo en la continuidad y en la permanencia.
    De los elementos principales del orden político son, a mi juicio, el sentido nacional de las fuerzas armadas,el sentido de esfuerzo, la constitución de un Estado de derecho, la realización de la justicia social, la capacidad permanente de evolución y de avance contenido en el sistema político,la asistencia continuada del pueblo con la originalidad de un sistema democratico organico y organizado la actitud española en el mundo consistio precisamente en que fue a la transformación desde la tradición; que partierón de una base firme de creencias, de virtudes, de realidades, que son las que nos configuran como pueblo y como empresa colectiva.España, como el resto del mundo acepto y realizo las continuas transformaciones para estar plenamente al día.

    Sentido nacional

    Por primera vez desde hacía siglos, España se siente a sí misma, tiene fe en sí misma, en sus posibilidades y en sus destinos. El Estado nacional surgido el 18 de julio hizo que España recobre su conciencia de gran nación y un auténtico sentido nacional, muy por encima de disputas y de intereses de partidos disgregadores o insolidarios.Rigio nuestra vida colectiva. Ese sentido nacional se asento sobre tres firmes puntales: la voluntad histórica, la unidad nacional y la dignidad humana.

    Hay ocasiones en que las naciones y los pueblos se encuentran ante una encrucijada en que la historia les impone una decisión esencial: ser o no ser. Esa ocasión fue para España el 18 de julio, y ante el dilema España respondió asumiendo una voluntad resuelta, de reingresar en la plenitud histórica, asumiendo un decidido querer seguir siendo, querer recobrar la amplia vía de sus destinos. La voluntad histórica se encarna en el esfuerzo militar de la Cruzada, para prolongarse en la posterior reconstrucción del suelo patrio y en los cimientos de la nueva sociedad, de la industria, del campo, de la cultura, de la seguridad social. Ante ninguna de las empresas que las circunstancias le impuso se echó atrás España, precisamente porque latía en ella ya, por obra de la voluntad de su pueblo y del Caudillo que la conducía, una voluntad histórica de renacimiento.

    No podemos olvidar que esa voluntad histórica fue pudiendo ir avanzando venciendo obstáculos, porque se producía y se canalizaba dentro del marco de la unidad nacional. Sin unidad, la decisión de avanzar no hubiera pasado del terreno de las intenciones sin llegar a las realidades. Fue la unidad nacional la que ha hizo posible el resurgir español; la unidad mantenida por encima de las tendencias a la disgregación y a la atomización, por encima del espíritu anarquizante, por encima de esos demonios familiares a los que continuamente se refirió el Caudillo en sus discursos al pueblo español y las Cortes Españolas; la unidad mantenida también frente a los intereses ajenos a nuestra Patria, que hubieran querido ver una España deshecha, una España fragmentada, una España rota.

    La unidad nacional mantenida desde la cumbre y aceptada y comprendida por el pueblo, fue el soporte sobre el que la reconstrucción de España fue posible. Una unidad superadora de los separatismos, de las luchas políticas de los partidos, de la lucha social entre las clases; esa unidad que obliga cada día a buscar nuevos caminos de entendimiento, de representatividad y de justicia; pero en esos nuevos caminos nunca jamás fuerón de olvidar que la unidad es la garantía de que llegaremos a la meta.
    El comprender esta unidad no como una idea estática, sino como una idea dinámica, como un concepto que nos incline a la mayor perfección de las obras y de los actos, sin dejarse vencer por la comodidad de pensar que todo estába ya logrdo, que todo está ya hecho.

    El respeto a la dignidad humana. El hombre, cuya auténtica libertad había desaparecido en los sistemas liberales y en los fríos esquemas marxistas, volvio a ser el eje y el centro de toda la doctrina política de aquel Estado nacional. Nacio así una actitud humanística inspirada por el Movimiento Nacional y reflejada en,sus principios y en sus líneas de acción, el Estado español puso como base de su credo político la idea cristiana de que el hombre es portador de valores eternos, portador de una integridad, de una dignidad y de una libertad.

    Voluntad histórica, unidad nacional y dignidad humana componen el sentido nacional, primera dimensión del orden político. La segunda dimensión de ese orden es la conciencia esforzada, el sentido de defensa nacional, el valor del trabajo.

    Tanto la voluntad histórica como la unidad nacional cobran todo su profundo sentido cuando se las contempla desde la perspectiva de Hoy; es la clave esencial y la solución de nuestros problemas actuales y de la farsa política.

    Sentido del esfuerzo

    Un pueblo sólo puede ponerse en marcha cuando comprende y llega a la conclusión de que nada le será regalado, que todo habrá de ser consesuido con su esfuerzo, con su sacrificio y con su trabajo; ahora bien, no se le puede pedir a un pueblo que mantenga esa moral de esfuerzo cuando está desatendido, mal dirigido, enfrentado entre si, desarticulado, injustamente ordenado. El pueblo español es fundamentalmente esforzado, pero ha de sentirse compenetrado con las estructuras del Poder, ha de sentirse compenetrado con el mundo que lo conduce; sólo entonces se entrega, sólo entonces se integra en tareas de alta disciplina y de alta moral histórica, y hoy nadie puede poner en duda que el Estado, que el Caudillo lo represento y el Movimiento que el Caudillo dirigo,supieron desde el primer día, captar la confianza del pueblo, esa confianza que se gana tan sólo cuando el ejemplo viene de arriba y cuando la empresa es común a todos los españoles.

    El pueblo demostró su confianza en los primeros momentos del Alzamiento, asistiendo con su sangre y su generosidad a la llamada angustiosa de la Patria. Asistió más tarde, en los momentos difíciles de la soledad internacional, con su siempre renovada fe en Franco y en el sistema político que él dirigio.

    Esfuerzo de la guerra y esfuerzo del trabajo; sobre esa síntesis en que se resumen las virtudes dé ese pueblo se levanto como ave fenix de sus cenizas ese esfuerzo no admitio pausa,y se fue prolongando en el tiempo, ganando en intensidad, porque sólo así se pueden alcanzar las metas finales, la de la continua prosperidad de España. Aquel orden político no fue, pues, un orden estático, sino una tensión dinámica, viva pero fiel al pasado y lanzada con bríos al porvenir. El esfuerzo fue el fundamento y base de ese orden, pues sin él se volveria a caer pronto en la molicie, que equivaldría a la anulación de nuestra verdadera personalidad.

    Estado de derecho

    Tanto el sentido nacional como el sentido dinámico del esfuerzo son motores para impulsar el orden político; pero no han de quedar en sí mismos, sino que, por el contrario, han de trascender hasta configurar la totalidad de un sistema, tanto en sus aspectos legales como económicos, sociales, culturales, etc. Cuando sentido nacional y capacidad de esfuerzo se conjugan en la cristalización de un sistema podemos decir en verdad que dicho sistema tiene garantizado su éxito y su porvenir.

    La virtualidad de aquel sistema español consistio precisamente en haber sido capaz de pasar de una situación histórica excepcional, legitimada de origen por el golpismo electoral del marxismo que se sumo a la urgencia de salvar a la Patria y legitimada de ejercicio por la adhesión masiva del pueblo, a la sistematización jurídica del Estado, trasladando las razones que dieron motivo y contenido al Alzamiento. De esta manera la afirmación histórica nacional del 18 de julio encontró su desarrollo político en unos principios capaces de encarnarse en leyes y normas suficientes para regir la vida del País, sin otros imperativos que los de la justicia, la unidad, la autoridad y la libertad.

    Asistencia popular

    Es necesario decir con toda claridad que aquel orden político no hubiera sido posible si el pueblo no se hubiera sentido reconocido e interpretado en él. Ningún pueblo, y menos que ninguno el español, es capaz de vivir en condiciones de permanente divergencia con su politica.

    Nadie puede dudar que el Movimiento que el Caudillo dirigio supo captar, desde el primer día. la confianza del pueblo.
    El Movimiento Nacional supo con constancia y con fe en la sociedad y en sus valores, ir a buscar al pueblo donde éste estaba; llevando la política y la acción de gobierno hasta los últimos rincones de nuestra geografía; el pueblo estuvo siempre integrado en el Estado, participando en sus decisiones y en su política.
    Ese orden político se caracterizaba por su capacidad de evolución y de avance, porque los principios del sistema guardan una potencialidad evolutiva válida para tiempos y generaciones sucesivas,dentro de unos principios fundamentales, ya que nuestro aquel orden político no fue solución para un momento dado de la vida española; eso, con haber sido mucho, hubiera sido insuficiente y escaso; ese orden político es la respuesta a todo un tiempo histórico, a toda una etapa de la Historia Universal. De ahí que en verdad nunca resulto ciertamente ser el sistema político español anticuado ni desfasado por los acontecimientos, antes al contrario, los previene y en buena medida los determina y canaliza. El sentido nacional, la actitud de esfuerzo, el estado de derecho y asistencia del pueblo no han de ser un círculo cerrado y concluso, sino una perspectiva abierta hacia el futuro, hacia un autentico futuro nacional.

    Si buscamos cuáles son los momentos culminantes en que tales principios se consagran por el pueblo español encontramos .Entre 1947 y 1976, se convocan en España tres referendums, dos elecciones para procuradores en Cortes de representación familiar y ocho elecciones municipales para elegir concejales del mismo tercio, Pero si hay que señalar el mas decisivo, es el dia 14 de diciembre de 1966. El pueblo español en referendum sobre la Ley Orgánica del Estado se halla no sólo la aceptación de dicha ley, sino también, y muy principalmente, la renovación del voto total de confianza a Franco y al sistema político que él dirige y representa. El 14 de diciembre fue el otro reconocimiento expreso de un caudillo y la firme voluntad de seguir adelante con los principios y los modos políticos que sirvierón para llevar a España hasta la altura mas elevada. Es decir, que el 14 de diciembre se afirmó la resuelta decisión de continuidad política, tanto por parte del Caudillo al someter a referéndum la Ley Orgánica, como por parte del pueblo al aceptarla con su aplastante mayoría.

    Los frutos de una paz mantenida a costa de múltiples esfuerzos, a costa de sacrificios y de abnegaciones, y al hablar de la paz no podemos eludir nombre a su artífice, a Francisco Franco, que con intuición, prudencia y amor sin límites a su pueblo, en íntima comunión con éste,supo renunciar a tentaciones, a improvisaciones, que, sin duda, hubieran contado con el aplauso en el exterior, pero que también, sin duda, nos hubieran hecho perder la paz, esa paz que Franco gano con el esfuerzo y el trabajo de todos los españoles, y que fue condición básica para la creación y el desarrollo político. En el ámbito de esa paz creadora vayamos, pues, a la aceleración de esos procesos de transformación, cuyo buen resultado constituye el patrimonio y la herencia de España.

    El pilar fundamental del futuro nacional fue el desarrollo de la justicia. Desde el 18 de julio la justicia social fue uno de los objetivos primordia les del Movimiento nacional. Desde el 18 de julio la ambición por conseguir que la equidad reinara en la vida española animo la acción del Régimen, y hay que decir que ae ambiciono una justicia entendida en su sentido más amplio, una justicia que abarco las condiciones de riqueza, de bienestar y de propiedad material.
    Libertad basada en principios de unidad y de autoridad.
    De la mano de la justicia llegamos también a un horizonte de libertad. España, fiel a sus Principios Fundamentales, no se opuso a ninguna auténtica libertad; pero precisamente porque quiso libertades reales y no espectros de utópicos libertados, supo que éstas han de afirmarse sobre bases muy sólidas.Pues tenemos larga historia y experiencias demasiado dolorosas de ensayos liberales como para jugarse a la fácil carta de dar gusto a aquellos a quienes nada importan los españoles,mas que para apropiarse de su logros.

    Los procesos de democratización por emplear una palabra que nadie llega a comprender por la multitud de significados que se le dan.Que se produjo en nuestra Patria. La opinión pública, la representación y la participación se produjerón con toda naturalidad, se desenvolvierón sin coacciones ni pretensiones de ningún tipo; lo que ocurre es que cuando países y sociedades de antigua y verdadera tradición democrática se vuelven de espaldas al sistema de los partidos políticos, cuando se intenta encontrar el camino para una vida democrática sana que no entorpezca la normal gestión del Gobierno, no se quiso reconocer que España llevo mucho andado por ese camino y que posee una larga experiencia en descubrir nuevas perspectivas de participación popular, canalizadas por una articulación orgánica de la sociedad; España sabe que la libertad y la autoridad no son términos contrapuestos, sino interdependientes y partes de un todo que constituye la médula del equilibrio social o, dicho con otras palabras, la convivencia de todos los españoles.

    Libertad dentro de la seguridad que proporciona la existencia de autoridad; éste es el camino para que la unidad política, sin la cual a ningún puerto puede arribarse, no se quiebre. La unidad es la condición para que la dinámica entre autoridad y libertad no se altere ni se desnivele. La libertad no puede traspasar en ningún caso los límites impuestos por el bien común, por el interés general de la colectividad. Frente a los excesos de grupo o partido, frente a las ambiciones de intereses parciales acaba siendo la autoridad legítima la garantía mejor de que la libertad es posible; por eso es necesaria la unidad, porque en ella el diálogo y la comunicación entre sociedad libre y Estado con autoridad justa se dan con más plenitud y con más fluidez. Cuando la unidad se rompe se produce, por el contrario, una mayor dificultad en la comunicación del Estado con el pueblo y del pueblo hacia el Estado.

    De cara al futuro ni ayer ni hoy podemos olvidar que España pertenece a una comunidad de pueblos claramente definida: el mundo libre cristiano. Un mundo en el que hemos alumbrado para la Historia las luces más importantes del pensamiento, de la fe, de la cultura y del arte; un mundo en el que, ciertamente, no todo es perfecto ni todo es salvable, pero un mundo que está amenazado por la subversión . En ese mundo estamos integrados con todas sus consecuencias por nuestra historia y por nuestra geografía, por nuestra tradición y por nuestra cultura, y porque sabemos que es indispensable frenar la amenaza de la subversión, creemos en nuestra responsabilidad y nuestra obligación de aportar a ese mundo las razones poderosas de una verdadera justicia,para dejarlos sin bandera.
    Estamos, pues, en una civilización que se ha de enorgullecer de ser libre; queremos que se salve de la mano del humanismo cristiano, precisamente del humanismo que hemos venido profesando desde siempre y que ha inspiro la acción Movimiento y de nuestro destino como nación.

    Algunos timoratos,que son los mismos que en vísperas del Alzamiento de 1936 se acobardaban y decían que aquello no era posible,que no había nada que hacer..Quienes no dieron la cara, en la guerra ni en uno ni en otro lado, y que, sin embargo, nos arrebatarón la victoria..Por que ya a los pocos años no habia ni rojos ni azules,eran todos solamente españoles,

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